La producción de cerveza es una industria bien federal. De hecho, muchas de las marcas de cervezas llevan el nombre de ciudades o regiones. La industria cervecera es otro de los productos que tiene su origen en el campo y un gran impacto sobre las economías regionales.

La cebada y el lúpulo son los dos insumos claves. El cereal se cultiva principalmente en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y La Pampa; mientras que el aromatizante es exclusivo de la Patagonia. Más precisamente del Alto Valle de Río Negro y la zona del Bolsón y Lago Pueblo.

Argentina es un importante exportador de cebada con una participación cercana al 10% del volumen global comercializado. La cuarta parte de la producción nacional se destina al proceso de malteado, la materia prima para elaborar la cerveza. Consiste en hacer germinar los granos y detener el proceso abruptamente con calor. De esta forma se logra una mayor actividad enzimática que facilitará la conversión del almidón en azúcares fermentecibles.

Aproximadamente la mitad de la malta se destina al mercado interno. De esa porción, casi la totalidad es utilizada para la producción de cerveza, mientras que una pequeña fracción se utiliza para la elaboración de otras bebidas. La otra mitad de la producción nacional se exporta a países de Latino-américa, donde Brasil se lleva las tres cuartas partes del volumen. Argentina ocupa el séptimo puesto en países exportadores de malta.

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El caso del lúpulo es muy diferente. En el hemisferio sur solo se cultiva en tres países. Australia y Nueva Zelanda son los otros dos. Gran parte del consumo de las cervecerías argentinas debe importarse, a pesar de que la Patagonia está catalogada como una de las mejores regiones para su cultivo. El boom de las cervecerías artesanales podría impulsar la mayor producción de lúpulo, ya que a diferencia de la producción industrial, en este negocio la principal prioridad no es pagar menos por el aromatizante, sino contar con la calidad adecuada. El lúpulo tiene una gran incidencia en el gusto de la cerveza y es lo que le otorga el sello distintivo al producto.

El bagazo de malta y las levaduras líquidas son dos subproductos del proceso de malteado. Hasta aproximadamente el año 2000, cuando comenzó el proceso de intensificación en los tambos, se los consideraba un efluente y las malterías pagaban para que se los retiren de sus plantas. El buen contenido de proteína digestible y alta palatabilidad que tienen para las vacas, hacen de la malta, como se la conoce en la jerga ganadera, un producto de gran valor nutritivo para la producción de leche. La comercialización de bagazo es hoy un negocio adicional para las malterías.

En la producción a baja escala gestionar el bagazo es muy distinto. Por cada litro de cerveza elaborada se generan unos 600 gramos de bagazo. En zonas alejadas a las urbes, se suele encontrar algún productor porcino que retire el coproducto, pero el tema es mucho más complicado cuando la producción se realiza en centros urbanos. En estos casos se debe recurrir a la creatividad para encontrar soluciones innovadores que no dañen el ambiente y generen a la vez oportunidades comerciales.

Ante el rápido crecimiento que está teniendo la producción artesanal de cerveza, la provincia de Santa Fe tomó la delantera, y junto al Grupo Essential Energy, lanzaron un programa para recolectar los residuos cerveceros y convertirlos en energía en un biodigestor que la empresa posee en Villa Ocampo.

Del mismo modo, la regional del INTA de Junín llevó a cabo recientemente una jornada sobre la reutilización de residuos en la producción artesanal de cervezas. Uno de los casos de éxito planteado fue la producción de hongos comestibles, un alimento de altísimo valor. Los disertantes contaron que muchas de las cervecerías lo están utilizando como insumo para elaborar los panes de las hamburguesas que venden es sus locales. Del mismo modo, en Tucumán, un estudiante de la carrera de ingeniería en alimentos de la Universidad de San Pabo T, ha desarrollado y patentado una especie de nachos elaborados a partir de este residuo.

Para las grandes cervecerías reducir su huella de carbono y contribuir a un medio ambiente más limpio se ha vuelto una cuestión primordial. Se trata de un fenómeno mundial del cual las empresas locales han hecho eco. El caso más ilustrativo es del Quilmes, que desde 2014 viene utilizando mezclas altas de biodiesel en el gasoil. Al comienzo fue un corte al 20% en 20 camiones de distribución y de a poco fue creciendo hasta llegar a un corte del 60% en 180 unidades. Desde la compañía señalaron que al beneficio ambiental de ahorrar 4.200 toneladas de CO2 se suma un importante ahorro en el costo de combustible. Recientemente, Quilmes acaba de abrochar un contrato de provisión de energía eléctrica renovable por 20 años con Central Puerto, dueña del parque eólico Achiras.

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En otras regiones del planeta, son varias las iniciativas relacionadas con la sostenibilidad ambiental. Por ejemplo, Heineken está trabajando con agricultores españoles en un proyecto de producción sostenible para frenar la erosión hídrica característica de la producción mediterránea de olivos. Sembrando cebada entre las hileras de los olivos se logró, en una producción de 2 mil hectáreas, reducir el consumo de agua en 700 millones de litros. La misma cervecería está construyendo en Jaen una central termoeléctrica que funcionará con residuos de la poda de olivos y abastecerá las necesidades energéticas de la planta.

Varias son las fábricas en distintas regiones del planeta que han incorporado al biogás para tratar sus residuos y abastecerse de energía. A Heineken se le suman los otros dos gigantes de esta industria, ABinBEV y Carlsberg, con proyectos tanto en plantas europeas, como americanas y africanas. En la búsqueda por reducir sus huella de carbono, los biocombustibles tienen su rol. La compañía de origen holandés fue quien contrató el primer flete marítimo impulsado 100% con combustible renovable.

Los vasos y envases ecológicos tienen su capítulo. Las compañías cerveceras suelen patrocinar eventos deportivos y musicales y los vasos descartables suelen ser un problema. La mexicana Corona y Heineken ya ha presentado soluciones biodegradables y compostables para este tipo de eventos. Del mismo modo, una startup estadounidense lanzó unos anillos portalatas que mantienen unidos los packs de 6 latas de cervezas construídos con materiales biológicos que se descomponen al tocar el agua y sirven como alimento para la fauna marina.

Prácticamente todas las empresas han dejado de gasificar sus cervezas con CO2 de origen fósil. Capturan el CO2 liberado en el proceso de fermentación en la elaboración de cerveza y cuando el volumen no es suficiente, suelen adquieren el resto a empresas productoras de bioetanol. La utilización de CO2 renovable en lugar del fósil tiene un impacto muy grande en la reducción de la huella de carbono.

Durante el último mundial de fútbol sucedió un hecho insólito en Inglaterra. Los días de partido en que la selección inglesa participaba, la demanda de cerveza tocaba cifras récord con ventas de hasta 40 millones de pintas. Sin embargó, se produjo un importante desabastecimiento ante la falta de CO2. La UE había dado marcha atrás con los aumentos de cortes de biocombustible generando una importante capacidad ociosa en la industria de bioetanol. Para esa fecha, los stocks del biocombustible eran suficientes para cumplir las obligaciones de entrega y las plantas estaban paradas, por lo tanto no había producción de CO2. Tan solo un dato de color para mostrar como funciona este nuevo mundo de la bioeconomía, donde todo se relaciona con todo.