El 5 de julio de 1979, Fiat introdujo en el mercado brasilero la «Cachacinha», el popular modelo 147 equipado con un motor adaptado para funcionar con etanol que fue bautizado así por el olor producido al quemarse el alcohol.

La crisis de petróleo del 73 había pegado muy fuerte en Brasil. Los precios de los combustibles se volvieron prohibitivos y escasos, al punto tal que hasta las carreras de autos fueron prohibidas en el país. En respuesta a la crisis, el gobierno lanzó el Plan Proalcohol, en el cual buscaba una alternativa al combustible fósil importado. Fiat, que había inaugurado su planta fabril en 1976, fue la primera automotriz en involucrarse en este programa y años más tarde sorprendió con este modelo.

Desde aquel momento hasta el día de hoy, Brasil ha mantenido una política creciente en cuanto al uso de alcohol combustible. En la actualidad, la gasolina regular contiene una mezcla de 27,5% de etanol (La Ley establece un 18% mínimo y un 28% máximo, fijado de acuerdo a la oferta) y las estaciones de servicio ofrecen la posibilidad de cargar solamente etanol. Esto se debe a que más del 95% de los automóviles cero kilómetros que se comercializan en el país cuentan con motores flex, una tecnología que permite al consumidor elegir libremente la mezclas de nafta y alcohol. La mayoría de los conductores basa sus decisiones en una cuestión de precios, pero cada vez más están lo que optan por etanol por cuestiones ambientales. En 2018, el mix de etanol se ubicó en un valore récord por encima del 45%. Es decir, que de cada 100 litros que cargaron los consumidores de gasolina, más de 45 fueron de alcohol.

En EEUU la tecnología flex también se encuentra disponible, pero por una cuestión climática el alcohol contiene 15% de gasolina. Este combustible se lo conoce como E85. En los últimos años han surgido varias iniciativas para incorporar esta mezcla a los surtidores argentinos. Argentina es un importador neto de combustibles y un gran exportador de maíz sin procesar. Con el saldo exportable de este año podría elaborarse etanol suficiente para reemplazar a toda la nafta consumida dentro del país y así y todo, sobrarían unos cuantos millones de litros.

Sin embargo, la historia del etanol combustible nació muchísimo tiempo de la aparición de la Cachacinha. De hecho fue utilizado por Samuel Morey durante los ensayos del primer motor americano a combustión interna en 1826. Pocos meses más tarde reemplazaría al aceite de ballena -muy caro en aquel momento – utilizado hasta entonces en la iluminación pública de las ciudades. En 1860, el inventor alemán Nikolaus Otto, utilizó alcohol para alimentar su reciente invento. Un motor a combustión interna impulsado por un combustible líquido. 30 años más tarde, los motores a alcohol ya eran muy utilizados en la maquinaria agrícola europea. El biocombustible se había vuelto tan popular que en 1902 se realizó en París, Francia, una exposición sobre vehículos y artefactos alimentados a etanol. Allí se presentaron automóviles, maquinaria rural y motores agrícolas, lámparas, estufas, calentadores de agua, planchas de ropa, rizadores para el cabello, tostadoras de café y una amplia gama de electrodomésticos. El evento tuvo tanto éxito que se replicó por toda Europa y hasta cruzó el océano unos años más tarde para aterrizar en Virginia, EEUU.

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Allí, regía desde 1860 un impuesto al alcohol que había sido instalado como una forma de financiar la reconstrucción del país luego de la guerra de secesión. Pero la influencia de la Standard Oil, nacida en 1870 y pocos años más tarde ya manejaba el 85% de los destilados de petróleo, hizo que el impuesto perdure en el tiempo. Así, lograba que el etanol se mantenga en valores muchos más caros que los incipientes combustibles fósiles.

Pero las noticias del éxito del etanol en Europa llegaban a América y en 1906 el gobierno estadounidense se vio obligado a derogar el impuesto. El presidente en aquel momento, Teddy Roosevelt, dijo: «La Standard Oil Company, en gran medida por métodos injustos o ilegales, ha eliminado la competencia local … Es altamente deseable que se introduzca un elemento de competencia”. Rápidamente el alcohol de maíz se volvió muy competitivo frente a sus equivalentes fósiles y captó la atención de la industria y los automovilistas.

Cuando en 1908 llegó al mercado el Ford T, no solo fue el primer auto asequible para la clase media, si no que además fue el primer vehículo flex. Desde el tablero se podía accionar una perilla que permitía ajustar la mezcla de aire y combustible según se utilizara gasolina, kerosene o etanol. Henry Ford era un fanático del bioetanol. Dijo que el alcohol era “un carburante más limpio, mejor y más agradable para los automóviles que la gasolina”.

Pero en 1919 se prohíbe en todo EEUU la venta y el consumo de alcohol, obligando a cerrar todas las destilerías. La ley Seca -que llevó a la fama a Al Capone y a Elliot Ness- tuvo como impulsor al Movimiento por la Templanza, un movimiento social contra el consumo de bebidas alcohólicas que fue muy popular en los países anglosajones, y en EEUU contaba con el apoyo financiero de John Davinson Rockefeller, principal accionista y fundador de la Stand Oil.

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Los tiempos han cambiado y el lobby petrolero, a pesar de que sigue teniendo una gran influencia, ya no tiene la fuerza de aquellos tiempos. El uso de bioetanol como combustible atraviesa un gran presente y está marcado a ser el combustible del futuro. En pocos meses más Toyota lanzará en Brasil el Corolla Flex híbrido, el vehículo a gasolina más ecológico del planeta cuando se alimente con alcohol. La energía más limpia es aquella que no se consume, y esta combinación de un motor eléctrico con otro alimentado con un biocombustible que reduce en 70% las emisiones GEI respecto a la gasolina fósil, alcanza factores de reducción de emisiones inalcanzables por cualquier otra alternativa. Incluso un vehículo eléctrico que cargue sus baterías con energía solar o eólica.

Y el futuro es aún más alentador. Los desarrollos de celdas SOFC, que se esperan novedades a partir del año próximo, prometen una eficiencia extraordinaria al conseguir autonomías de más de 600 kilómetros con una mezcla de bioetanol y agua. El bioetanol estará también muy ligado a la química renovable. Los procesos fermentativos y termoquímicos para lograr los nuevos productos que demandará la química moderna, obtienen como pasos intermedios o como co-productos al bioetanol.

Al combustible de gran pasado y mucho mejor futuro. ¡Salud!