«Resolver la crisis climática podría ser el próximo acto heroico de Europa, uno que será admirado por generaciones», dijo el primer ministro finlandés Antti Rinne, el día en que Finlandia asumió la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea.

El primer evento importante de la presidencia finlandesa de la UE tendrá lugar en Helsinki, cuando políticos, líderes empresariales e investigadores de todo el continente se reúnen para discutir el futuro de la bioeconomía en la UE.

Para Finlandia, la Conferencia Europea de Bioeconomía 2019, es una oportunidad para mostrar a otras naciones el camino a seguir: cómo los recursos naturales (en el caso de Finlandia, los bosques boreales que cubren dos tercios del país) pueden ayudar a otros estados miembros a retirarse de los combustibles fósiles, y supuestamente a introducirse en la tierra prometida de una economía baja en carbono.

Los defensores de la bioeconomía finlandesa resaltan los 315.000 empleos que genera la industria y su contribución en más de € 60 mil millones a la economía finlandesa y para 2025 se espera que estas cifras aumenten en 100.000 empleos adicionales y el aporte económico llegue a € 100 mil millones.

Sin embargo, la estrategia bioeconomica de Finlandia, según estudios científicos, no mitiga la degradación del clima ni aborda la crisis de la biodiversidad. Tampoco protege los derechos de los pueblos indígenas sami del país. No ofrece un camino hacia una sociedad inclusiva y justa con bajas emisiones de carbono, sino que intensifica los problemas que pretende abordar.

Así mismo, sucesivos gobiernos finlandeses han promovido una bioeconomía que se basa en el aumento implacable de las cosechas de los bosques del país, mientras ignora la evidencia de sus efectos.

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La explicación, en parte, es que están atrapados en supuestos arraigados profundamente en la historia del país.

Durante los últimos 150 años, la economía y la cultura de Finlandia han estado más vinculadas a los bosques que cualquier otro país europeo, y la creación de una industria forestal de clase mundial ha sido fundamental para la estrategia económica de la nación desde que se declaró independiente en 1917.

La crisis financiera mundial de 2008 revitalizó el papel de los bosques como un salvavidas para la economía de Finlandia.

Sin embargo, la adopción de la bioeconomía por parte de los responsables políticos no se trató de resolver la crisis climática, sino de resolver la crisis de la economía de Finlandia.

La estrategia de Finlandia de expandir enormemente su industria forestal, es decir, aumentar los niveles de extracción de madera, requeriría una reducción masiva de las emisiones de carbono en otros sectores para compensar la reducción de carbono en sus bosques.

Los costos de estas reducciones no serían cubiertos por la industria forestal, sino por el estado. La estrategia de bioeconomía de Finlandia es, por lo tanto, no solo mala para el clima y la biodiversidad, sino también para los contribuyentes.

En lugar de seguir legitimando el status quo, los responsables de la política finlandeses deberían reflexionar críticamente sobre los supuestos en los que se basa su estrategia actual.

Entonces, ¿a qué visión deberían aspirar los reunidos en Helsinki? ¿Y en qué principios debe basarse una bioeconomía progresiva, sostenible y justa?

Para que una bioeconomía sea significativa en un contexto ambiental, y no solo como un medio para reindustrializar los bosques, tiene que demostrar que en realidad ayuda a mitigar el cambio climático y aborda la crisis de la biodiversidad. Cualquier otra cosa es un engaño.

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Con su gobierno más progresista sobre el medio ambiente, existe un enorme sentido de urgencia, además del apoyo público, para que Finlandia sea también un pionero mundial para la acción climática.

Lograr esto, sin embargo, significará iniciar una bioeconomía basada en objetivos ambientales con bases científicas; una bioeconomía construida sobre la justicia y la igualdad; y opciones de política que tienen sentido para la economía nacional, no solo para los intereses corporativos.

Si puede hacer esto, Finlandia podría ser un modelo para el mundo, y especialmente para naciones como Brasil, Indonesia y Rusia que tienen grandes extensiones de bosques y poblaciones indígenas sustanciales, que se ven afectadas por la desigualdad, la injusticia y la destrucción de los bosques.