Los bancos argentinos tiene el panorama claro: en un futuro no tan lejano deberán priorizar los temas ambientales y definir una agenda con objetivos sustentables para desempeñarse en la nueva economía. “Si no nos aggiornamos no podremos trabajar”, sentenciaron durante la presentación del Protocolo de Finanzas Sostenibles que firmaron 18 entidades bancarias públicas y privadas, que apunta a promover los proyectos con impacto ambiental positivo y fomentar una cultura de sostenibilidad y capacitación interna.
Pablo Cortínez, coordinador de Negocios y Ambiente de Vida Silvestre, puso en contexto que “por el nivel de consumo vivimos desde principio de los ’70 en default ecológico. Estamos consumiendo 1,7 planetas por año y a esta altura de 2019 ya estamos consumiendo el año próximo”. Una referencia al Día de Sobrecapacidad de la Tierra, una efeméride que compara la demanda anual de recursos naturales con la capacidad de regenerarlos. En código de banqueros, más simple y descriptivo, se escuchó decir: “Estamos sobregirados”.Durante los últimos tiempos, las advertencias llegaron desde todos los sectores: “El Papa publicó la encíclica Laudato Si, la ONU elaboró sus Objetivo de Desarrollo Sostenible y en la cumbre del Clima se firmó el Acuerdo de París”. Rápido de reflejos, el mundo empresarial también puso sus ojos sobre el tema.

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Según se recordó en la presentación que tuvo lugar en las oficinas del BID, las encuestas realizadas a los poderosos asistentes del Foro de Davos mostraron que más del 40% de los ítems de riesgos que figuran en el Top Five están relacionados con el ambiente. La buena noticia es que la emisión de bonos verdes trepó el último año a u$s 180.000 millones (aunque representan aún magros 2,5% de los bonos a nivel global).

Se sabe que “la gente está predispuesta a gastar más en productos socialmente responsables” y cada día más empresas acuden a verificaciones de sustentabilidad, a la vez que muchos fondos aceleran sus estrategias de desinversión en fósiles como el multimillonario fondo soberano de Noruega. La clave es no quedar atrapado con standred assets, activos que podrían quedar varados ante el advenimiento de las energías renovables.

En ese escenario, las entidades destacaron que “los bancos empiezan a tomar mucho más posicionamiento en suscripción y colocación de bonos verdes y están viendo nuevas oportunidades de negocios”. En definitiva, no se trata solo de ser eco friendly, sino que esas políticas de sustentabilidad generen beneficios y den respuesta a las demandas de los consumidores millennials y centennials.

Los bancos parecen haber comprendido que el riesgo ambiental es parte del riesgo de crédito y lograron avanzar en proyectos de financiamiento verde. Banco Galicia emitió un bono verde para recaudar u$s 100 millones, lo siguió Itaú (ambos con el respaldo de la Corporación Financiera Internacional) y el BICE (Banco de Inversión y Comercio Exterior), con un bono sustentable para financiar pymes. Pero, pese a todo, una encuesta de 2017 reveló que solo el 22% de las entidades bancarias contaban con una política de normativas ambientales escritas. Por eso, era necesario contar con un protocolo.

El protocolo

El documento comenzó a gestarse en noviembre del año pasado tras una reunión en la que participaron seis bancos, luego otros se fueron involucrando y se logró el acuerdo de las tres asociaciones del sector. Hasta el momento fue firmado por 18 bancos, cuyo market share supera el 75% de los préstamos bancarios del país: Banco Nación, Banco Galicia, Banco Ciudad, Banco BICE, HSBC Bank, Banco Patagonia, Banco Itaú, Banco Comafi, Banco Supervielle, Banco CMF, Santander, Banco Provincia de Buenos Aires, BBVA, Banco Macro, Banco Industrial, Banco Mariva, Banco de Tierra del Fuego y Banco BST. Se espera que el número vaya en ascenso.

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Diego Flaiban, oficial de Inversiones de BID Invest en Buenos Aires, aclaró que se trata de “una declaración voluntaria para incorporar políticas” que cuenta con 4 ejes o estrategias:

  • Institucionalizar políticas de sustentabilidad.
  • Promover productos financieros sostenibles e inversiones verdes para el financiamiento de empresas y proyectos con impacto ambiental positivo.
  • Realizar análisis de riesgos ambientales y sociales en la financiación de proyectos.
  • Fomentar una cultura de sostenibilidad dentro de los bancos, generar reportes y agilizar la capacitación interna.

Además, se creó la Mesa de Finanzas Sostenibles, un órgano consultivo integrado por dos bancos firmantes de cada asociación, con la idea de generar alianzas, compartir experiencias y medir el grado de avance de las políticas. El próximo paso es ampliar el espectro y sentar esa mesa a empresas de seguros, agentes de bolsa y asset managers.

Los directivos dejaron en claro que “no es una moda, es una tendencia y vino para quedarse” y advirtieron sobre la necesidad de mantenerse integrados al mundo: “Nos llevarán de la mano, pero no debemos soltarnos”, graficó uno de los expositores. El ejemplo cercano, explicó, es que “Perú, Colombia y Brasil están mejor que nosotros, porque Argentina se aisló durante años”.

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Se palpa en el sector que la cuestión ambiental pasó a ser un tema sensible que se colará por cada hendija de la economía y podría deparar a futuro tanto una vía rápida como una barrera infranqueable a la hora de relacionarse con otros mercados. Una de las grandes próximas pruebas en ese sentido, con un bloque que tiene la agenda verde como prioridad, será el momento de implementación del anunciado acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea.

En tanto, Agustín Pesce, Vicepresidente Segundo de Banco de la Nación, manifestó: “Son horas de entender que la responsabilidad que tenemos como intermediarios financieros impacta directamente en toda la sociedad y en todos los sectores. Las finanzas deben estar al servicio del hombre y ser un instrumento eficaz para garantizar una banca ética comprometida con la integridad, la inclusión y la sustentabilidad ambiental social y económica.”

Carlos Pagura/Ámbito.