El proceso de elaboración del vino no suele asociarse ni a un volumen elevado de residuos ni a una alta carga contaminante. Pese a ello, la actividad de las bodegas puede traer consigo problemas medioambientales en los picos de producción.

«En vendimia es cuando se vierte más y con una mayor carga orgánica», dice Daniel Durán, técnico de proyectos europeos en la Fundación Empresa-Universidade Gallega (Feuga). En esa fase se puede alcanzar un consumo de seis litros de agua por cada litro de vino producido.

La gestión de los residuos resultantes, apunta Durán, constituye «una problemática oculta del sector». Esas y otras consideraciones salieron a relucir en Monforte, España, durante una jornada informativa sobre sistemas innovadores en la gestión y valorización de subproductos vitivinícolas.

Es la segunda que organiza Feuga en el plazo de una semana -la anterior fue en la sede de Rías Baixas en Pontevedra, España- para dar a conocer los avances en el proyecto Wetwine, una iniciativa que persigue fomentar la economía circular en el sector del vino.

«Queremos que los resultados de las investigaciones no acaben en una estantería, que sea posible aplicarlos en el mercado», apunta David de la Varga, técnico de Glaucor Ingeniería y uno de los ponentes en la jornada que tuvo como escenario el Centro do Viño da Ribeira Sacra.

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Glaucor Ingeniería es la responsable del desarrollo de los sistemas de depuración sobre los que gira el proyecto Wetwine. Un modelo de tratamiento de aguas residuales mediante humedales construidos con esa finalidad que permite reutilizar el agua y los lodos transformados en abono orgánico.

Una de estas plantas funciona a modo experimental en la bodega de O Rosal Santiago Ruiz, que colabora junto con otras empresas en el desarrollo de este proyecto transnacional.

Imitar a la naturaleza

«De lo que se trata es de imitar a la naturaleza para gestionar los residuos», explica el técnico de Glaucor. La vegetación característica de los humedales se encarga de depurar las aguas contaminantes en estas instalaciones.

El coste de su puesta en marcha no difiere de otras soluciones más convencionales. Desde esta empresa indican, sin embargo, que el mantenimiento es más barato y sencillo y que el ahorro energético puede alcanzar hasta un 90%.

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El sistema por el que aboga el proyecto Wetwine no es estrictamente novedoso. Nace en la segunda mitad del siglo XX y adquiere a partir de ahí un importante desarrollo en algunos países europeos.

Tras un bum inicial, en España estas instalaciones no terminan de despegar. Incluso tienen cierta «mala fama», admite David de la Varga.

«Aunque sea un sistema sencillo, necesita experiencia en su diseño y ejecución. También un mantenimiento mínimo», detalla.

Por el volumen de producción y los residuos generados, este modelo de economía circular puede resultar adecuado para el tipo de bodegas que funcionan mayoritariamente en Galicia.

Al menos, para las que se toman en serio la cuestión ambiental.

«La analítica de las aguas residuales debería ser una más entre las que se realizan en el proceso de elaboración del vino», señala Daniel Durán. Y la administración, subraya este técnico del Feuga, «será cada vez más exigente en estas cuestiones».

Para el sector del vino, igual que para cualquier otra industria agroalimentaria, las reglas del juego en materia de depuración están claras. Otra cosa, opina Durán, es que las bodegas «presten atención suficiente al problema medioambiental».

En la presentación de Wetwine en Monforte había más ponentes que bodegueros entre el público.

Sober puso en práctica ese sistema hace un año en un pueblo de Doade

El primer y único humedal artificial de la Ribeira Sacra para depuración de aguas residuales funciona desde comienzos del pasado año en Sober. Es una de las principales zonas vitícolas de la denominación de origen, pero las plantas acuáticas no están en este caso al servicio de una bodega.

Fue el Ayuntamiento el que puso en práctica este sistema para tratar las aguas residuales del pueblo de Francos, en la parroquia de Doade.

«Se son núcleos pequenos é un sistema tan válido como outra depuradora. Nos sitios máis grandes o problema é a dispoñibilidade dunha superficie de terreo acorde co volume de residuos», dice el alcalde, Luis Fernández Guitián.

Las plantas acuáticas crecen en estas instalaciones sobre el lecho de grava que cubre un recipiente impermeabilizado. Las raíces de la vegetación cumplen el cometido de un filtro, sin que surjan malos olores ni encharcamientos de agua que faciliten la presencia de mosquitos.

En una foto de boda

«El impacto paisajístico es muy positivo», subraya el técnico de Glaucor Ingeniería David de la Varga. Hay fotos de boda con esa vegetación de fondo -según cuenta- captadas en bodegas que organizan ese tipo de fiestas y que disponen de humedales artificiales.

Las bodegas están obligadas a realizar una depuración previa de las aguas residuales que generan antes de incorporarlas a las redes de saneamiento. Es un servicio del que carecen amplias zonas rurales de la Ribeira Sacra, aquellas en las que desarrolla precisamente su actividad el sector vitivincola.

Luis Diaz / La Voz de Galicia.