Esta editorial no es una más. Es muy especial, pues intenta rendir hoy, 26 de mayo, un homenaje a quién, desde diferentes roles, ha hecho una gran contribución a la transformación productiva de la Pampa Húmeda. Para ello cuento con la invaluable colaboración de mi hermana Luciana.

Paradójicamente el personaje se crió en pleno microcentro porteño, muy lejos de los novillos y los trigales pampeanos. Luego de egresar del Colegio Nacional Buenos Aires tuvo un paso fugaz por la Facultad de Derecho. Le tomó menos de un año darse cuenta de que la abogacía no era lo suyo. Al año siguiente inició la carrera de Agronomía, y casi en simultáneo, Octavio Frigerio – padre del actual ministro del interior Rogelio Frigerio, y ex director de redacción del diario Clarín – lo invitó a formar parte del staff de redacción del matutino. Ese fue el inicio de un largo vínculo con Clarín que perdura hasta el día de hoy.

Sus hermanos cuentan que la vocación de comunicador la llevaba en la sangre. Su familia solía reunirse en Necochea a pasar las fiestas. Lejos de la playa, él transitaba por los campos de las rutas 85 y 86 que a esa altura del año estaban en plena cosecha de trigo. Entrado el nuevo año, las cosechadoras se alejaban, pero llegaban los planteles de River y Boca, que solían hacer la pretemporada en aquella ciudad costera. En aquel momento, era común que la preparación física se haga en la arena. Se sacaba el sombrero de gaucho y se ponía el de periodista deportivo. Casi siempre algún amigo o cuñado se colaba disfrazado de fotógrafo para conseguir el autógrafo de Pinino Más, el Beto Alonso, Angel Rojas o el Loco Gatti.

Fue entrados los 70 cuando puso en práctica la primera de sus ideas innovadoras para modernizar el agro argentino. Había fundado su propia agronomía en Junín y asesoraba a productores de arvejas y lentejas, dos cultivos que en aquella época andaban muy bien. Notó que la aplicación de agroquímicos debía profesionalizarse. Alquiló un galpón y comenzó a fabricar en serie las primeras pulverizadoras automotrices del país. Este fue el primero de varios desarrollos en pulverizadoras.

Durante esos años, convenció a su suegro para incursionar en un nuevo cultivo. Una oleaginosa que andaba muy bien en Estados Unidos y que habían traído para probar en Argentina. Era la soja y fue la primera experiencia en la zona de Junín.

Pero él seguía preocupado por la eficacia en la pulverización. Se contactó con un diseñador industrial y juntos desarrollaron el “Aguacero”. Un aspersor rotativo que funcionaba con mínimas cantidades de agua y permitía el control del tamaño de la gota. Un tema que a él lo obsesionaba y al que no se le prestó importancia durante muchos años. Hoy es el foco de los nuevos desarrollos en aplicaciones de precisión.

Llegados los ´80, Dante Quinterno se lo lleva a trabajar a Dinámica Rural. Nuestro homenajeado le propuso a Quinterno organizar la primera exposición dinámica del país. Era el año 1983. La “Expodinámica“ finalmente se llevó a cabo en la Estancia La Laura, partido de Chacabuco. Fue un éxito total. Un punto de inflexión en las muestras agrícolas que perduran al día de hoy.

También estaba convencido que la ganadería podía ser mucho más eficiente. Insistía con la intensificación y la suplementación. Pero no había herramientas. Las picadoras de la época eran de picado grueso y no rompían el grano. El alimento no tenía la digestibilidad necesaria para los rumiantes. Nuevamente se puso manos a la obra y junto a Marani, desarrollaron una picadora de maíz de fibra corta y cracker. Ahora estaban las máquinas para hacer el alimento de calidad, pero los productores no estaban convencidos.

Fueron muchos años de trabajo desde la comunicación para instalar el tema. No solo había que convencer a los chacareros. En aquello años no había mixers, ni siquiera comederos. De a poco se fue armando toda esta nueva industria, con el traccionando desde los medios de comunicación y asesorando a industriales.

Llegaron los ´90 y convencido de la eficiencia del engorde bajo encierre, se embarcó en la construcción de un feedlot.  El objetivo era ofrecer hotelería, pero era algo totalmente novedoso y a los ganaderos no les cerraba, todavía. Muchos pensaban que convertir granos en carne era una moda pasajera. Se enfurecía cuando le decían eso. Entonces, decidió engordar terneros machos de tambos de la zona que prácticamente se los regalaban. Casi 30 años después, más del 80% de los novillos argentinos se terminan en feedlots.

Año 1981 en el Salón Internacional de la Maquinaria Agrícola en París.

Fue también quien puso en tema de todos a los biocombustibles. Aquella editorial de Clarín Rural del 91, “Ponga un choclo en su tanque”, contaba el nacimiento de una nueva industria en Estados Unidos que convertía el maíz en combustible. Unos años más tarde, siendo presidente del INTA, toma contacto con un grupo de productores franceses agrupados en una comunidad que elaboraban su propio gasoil a partir de aceite de colza. Le llamaban “Diester”. Mostró tanta fascinación con ese combustible, que la comunidad de productores le donó al INTA una planta para elaborarlo. Sólo había que hacerse cargo del flete, pero el Consejo Directivo le negó afrontar los gastos del traslado. Indignado renunció y decidió impulsarlo desde la comunicación.

El título de la nota no podía ser otro: “Ponga un poroto en su tanque”. Eran épocas del aceite de soja a U$S/ton 800 y gasoil a U$S/litro 30 centavos. Parecía imposible que pudiera llegar a concretarse su implementación. Pero estaba convencido de los beneficios ambientales de los biocombustibles y su contribución a mitigar el cambio climático. Pero insistió con la pluma.

A raíz de sus notas lo contactó Claudio Molina, con quien recorrieron un largo trayecto, creando también la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno. Desde allí comenzó a gestarse el caldo de cultivo que derivó en la Ley 26.093, que regula el corte de biocombustibles con fósiles.

Así se agregó un nuevo eslabón en las cadenas sojera y maicera que demando inversiones por más de U$S 3 mil millones. En poco tiempo Argentina se transformó el principal exportador de biodiesel y glicerina -coproducto de la elaboración del biocombustible.

Enfocado cada vez más en el valor agregado, a comienzos del nuevo milenio se embarcó en un proyecto de proteínas de soja texturizada. Un restaurante que ofrecía más de 30 platos de productos derivados de soja con sabor a carne bovina. Algo muy parecido a lo que hace Beyond Food, la Startup de la que es accionista Bill Gates y que registró la mayor suba de la historia para un día de debut en Wall Street, hace apenas dos semanas.

Fanático de la náutica, junto a Ana, su pareja y con quien ha armado un gran equipo de trabajo, notaron que los mástiles de los veleros de competición eran de fibra de carbono. Tomaron la idea y convencieron al único fabricante del país -que exportaba a todo el mundo- en hacer un botalón del material compuesto para las pulverizadoras. Fue un éxito rotundo. 3 años más tarde, King pasaba a llamarse King Agro y abandonaba definitivamente la náutica.

Los botalones alcanzaban los 45 metros de largo con mínimas estructuras de soporte. Menos compactación en el suelo y mayor ahorro de combustible, lo que trae aparejado una menor “Huella de Carbono”. Hace un año John Deere compró King Agro, siendo la primera adquisición de la empresa norteamericana en Argentina.

En el tintero quedan muchas iniciativas que no entran en este espacio. En su cabeza, seguramente habrá unas cuantas más y probablemente pronto nos sorprenderá con otra idea innovadora.

Todas sus ideas se han gestado bajo los conceptos de innovación, sostenibilidad, eficiencia y productividad. Todas palabras que aparecen cuando intenta explicar la bioeconomía.

Por eso hoy, junto a mi hermana Luciana y en el día de su cumpleaños, queremos rendirle homenaje a nuestro padre, Héctor Huergo, quien para nosotros es el Padre de la BioEconomía.

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