La actitud de la gente hacia la naturaleza, sus sistemas económicos y hábitos de consumo deben cambiar radicalmente para proteger la biodiversidad del planeta y promover un mundo más sostenible y solidario, dijeron los participantes en una conferencia patrocinada por el Vaticano.

«Podemos aprender a cuidar el mundo. Y debemos usar toda nuestra fuerza para encontrar maneras de hacer al mundo más humano, viviendo nuestras vidas de modo que podamos compartir la riqueza y los recursos que se nos brindan sin adueñarnos de ellos», dijeron los participantes en su declaración final.

La Academia Pontificia de Ciencias reunió a los jefes de museos de historia natural, jardines botánicos, zoológicos y acuarios, junto a expertos en biodiversidad y ecología el pasado 13 y 14 de mayo en una conferencia sobre protección de especies.

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La reunión se produjo después de que la Plataforma Intergubernamental Científica-Política Independiente sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas publicara los resultados de un estudio de tres años que encontró que 1 millón (25%) de especies de animales y plantas estarán amenazadas de extinción dentro de las próximas décadas. La explotación de la tierra, la contaminación, la pesca excesiva, la deforestación y el cambio climático se encuentran entre los factores que impulsan el descenso sin precedentes en la biodiversidad, expuso el informe.

La declaración final emitida por la academia pontificia lanzó un llamado a la acción para los líderes, expertos, asesores políticos y comunidades religiosas conservacionistas para ayudar a la humanidad a construir una nueva relación sostenible con el mundo natural.

«Necesitamos cambiar nuestra mentalidad, esta mentalidad de explotación que nos ha llevado al punto en que nos encontramos ahora. Parece que vivimos en un mundo inmenso y fantástico, pero olvidando lo que se nos ha dado», dijo.

«Las comunidades de museos de historia natural alrededor del mundo, jardines zoológicos y botánicos son aliados catalíticos y significativos en el impulso global hacia la protección de las especies y la preservación de la naturaleza», especialmente por su experiencia y capacidad para educar e impactar a tantas personas en todo el mundo, especialmente a los jóvenes”, continúa el reporte.

La creación de «islas de protección», como los parques nacionales, los bancos de semillas, etc., no son suficientes para prevenir las amenazas de una pérdida global de especies, señala el comunicado.

«Se necesita un cambio social fundamental», como por ejemplo reducir la “huella ecológica» que deja la gente y cambiar los patrones de consumo, especialmente los combustibles fósiles, el desperdicio de alimentos y el uso de la tierra, dijo.

Estos patrones de comportamiento social necesitan un cambio de rumbo», dijo, y «nuestros sistemas económicos necesitan ser rediseñados hacia sistemas económicos circulares de base biológica, en los cuales la humanidad y la naturaleza están menos en conflicto.

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«La ciencia y la innovación, los buenos gobiernos y los incentivos para la industria y la agricultura deben unirse para lograr una bioeconomía sostenible, ajustada a las circunstancias locales».

Debido a que todas las principales religiones del mundo, en principio, «se comprometen a respetar y preservar la naturaleza», también deberían acordar una acción conjunta para el cambio.

«Estas comunidades deben explorar nuevas sinergias para mejorar el impacto en la visión que la gente tiene del mundo y crear nuevas acciones colectivas para abordar los problemas de extinción», concluyó.