Esta semana se llevó a cabo el III Congreso Imagina organizado por la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA). Uno de los principales ejes temáticos del evento giró en torno al agregado valor. No podía ser de otra manera, pues la cita se dio en Rio Cuarto, una ciudad referente a la hora de convertir maíz en carne y bioetanol, dos eslabones fundamentales en esta cadena.

La cosecha récord dejará un saldo exportable de maíz de más de 30 millones de toneladas. De esta forma Argentina podrá recuperar el segundo puesto en el ránking de países exportadores, hasta hoy en manos de Brasil. Si bien es una buena noticia aumentar las exportaciones de cereales, el maíz pierde mucho valor al trasladarse al puerto. Justamente esto fue lo que motivo, hace 10 años, a un puñado de productores de la zona a instalar la primera refinería de bioetanol de maíz del país.

Bio 4 nació a paritir de la necesidad de agregar valor en origen. De a poco fue incorporando los conceptos de la bioeconomía circular para convertirse hoy en verdadero complejo modelo. Así fue como se instalaron las plantas de generación de electricidad (Bioeléctrica I y II) -que utilizan los residuos del proceso de elaboración de alcohol y el estiércol de establecimientos ganaderos vecinos para producir el gas necesario para los generadores. Del proceso de elaboración de bioetanol se obtiene la burlanda como co-producto que sirve de alimento para las vacas de estos establecimientos. Uno de ellos, Bio5, es un feedlot propiedad del grupo. El residuo del proceso de digestión es utilizado como un biofertilizante.

Maíz convertido en combustible, en electrones, en alimento y en biofertilizante. Un verdadero lujo.

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La producción de etanol, tanto de maíz, como de caña de azúcar, se encuentra al máximo de las posibilidades producto de la limitante en el corte del 12%. Esto no quiere decir que la industria esté trabajando a full capacity, sino que a pesar que hay capacidad para producir algo más, resulta imposible porque no hay donde colocarlo. Para generar más demanda haría falta aumentar el corte del 12% que rige en la actualidad, o liberar el etanol para consumo voluntario. A esto se refirió en un panel de Imagina el Ministro de Agricultura y Ganadería de la provincia de Córdoba Sergio Busso.

El funcionario destacó que el departamento de Río Cuarto es el primer productor de maíz del país, con unas 300.000 hectáreas sembradas y reclamó un aumento del corte de bioetanol en las naftas.

Por el lado de la carne, el otro sector que agrega valor al maíz, la cosa marcha bastante bien. Guillermo Bernaudo, Secretario de Agricultura de la Nación resaltó que la industria frigorífica registra una ocupación del 92%, gracias al crecimiento de las exportaciones. Mientras se realizaba el Congreso en Río Cuarto, del otro lado del planeta se llevaba a cabo la feria de alimentos Sial, en Shangai. Allí participaron 25 frigoríficos argentinos quedaron sorprendidos de la firme demanda y los elevados precios que pagaron los chinos.

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Por el lado de la soja, la peste porcina que está haciendo estragos en China y la guerra comercial con Estados Unidos plancharon los precios de la oleginosa hasta llegar a su mínimo valor en 11 años. La baja alcanzó también al aceite, donde Argentina ha sido históricamente el principal exportador a nivel mundial. También lo es en biodiesel, el último eslabón que agrega valor a la oleaginosa. Son 35 plantas repartidas en 6 provincias las que elaboran este biocombustible, quizás una de las industrias más federales en el país. La mayoría pymes que vuelcan sus ganancias en la comunidad local.

Bajo este panorama, sumando las urgencias ambientales para descorbanizar el transporte -donde los biocombustibles logran reducciones de emisiones de CO2 inalcanzables con otras alternativas- ha llegado el momento indicado para expandir el corte.