Hoy en día la gran mayoría de los estadounidenses creen que los alimentos orgánicos son más saludables y mejores para el medio ambiente.

Han encontrado su lugar en el mercado bajo la idea de “pagar un poco más por los alimentos que no requieren la aplicación de productos químicos sintéticos”. Los consumidores en todo el mundo creen que los productos químicos naturales son mucho mejores para su salud y el medio ambiente.

Por supuesto, un especialista químico podría argumentar que la dioxina, el compuesto artificial más tóxico disponible, todavía es un millón de veces menos peligroso que el botulinum, que se deriva de una bacteria llamada Clostridium botulinum. Tenemos a la Madre Naturaleza, no al hombre, para agradecer a esa pequeña y desagradable creación. Sin embargo, tales argumentos probablemente pasen inadvertidos entre compradores ecológicos. La popularidad de los alimentos y vinos orgánicos no va a desaparecer en el corto plazo.

Sin embargo, a medida que el debate vitivinícola europeo se va enfocando en la viticultura sostenible, un número creciente de voces está comenzando a cuestionar públicamente si los métodos orgánicos quedaron atrasados.

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El pionero de Europa en este sentido fue el Dr. Richard Smart, un crítico frecuente del furor que rodea a la viticultura orgánica y biodinámica. Afirmó que el despliegue publicitario llegó a “niveles ridículos” en 2018.

«No olvidemos que los métodos orgánicos todavía permiten el uso de cobre en los viñedos, que es posiblemente el insumo químico más dañino que se puede usar en la viticultura», dice Smart. Su afirmación reiterada de que la aplicación, a menudo indiscriminada, de la mezcla de Burdeos por parte de los productores orgánicos difícilmente sea respetuosa con el medio ambiente.

«Las 18 hectáreas de viñedos de AR Lenoble han sido certificadas como Haute Valeur Environnementale en 2012. Estamos practicando una viticultura casi orgánica con una importante advertencia», dice Christian Holthausen, director de exportaciones y comunicaciones de AR Lenoble.

«No nos sentimos cómodos tratando el moho con sulfato de cobre, ya que estamos preocupados por los efectos a largo plazo del mineral en el suelo. Llueve más en l región de Champagne que en casi cualquier otra de Francia. El moho es un problema recurrente.”

El chef de Bollinger, Gilles Descotes, simplemente agrega: «No estoy seguro de que el cobre utilizado en la agricultura orgánica sea sostenible».

Muchos otros productores de vino han compartido puntos de vista similares, extraoficialmente.

Miguel A. Torres – uno de los principales productores españoles de vinos – va un paso más allá. Subraya el hecho de que los métodos orgánicos suelen generar mayores emisiones de C02.

«Creo que la diferencia clave entre la viticultura sostenible y la orgánica es que los productores orgánicos no tienen suficientemente en cuenta el cambio climático; en general, los viñedos orgánicos necesitan más tratamientos con azufre o bouillie bordelaise, lo que significa más emisiones de C02», explica Torres.

Continúa: «Hace unos años, un proyecto de investigación coordinado por la Universidad de Zaragoza concluyó que los viñedos orgánicos tienen una huella de CO2 22 por ciento más alta que los viñedos tradicionales. El otro punto importante es que el cobre de la bordelaise bouillie es tóxico para los suelos.

Torres sigue siendo un defensor clave de la promoción de la vinificación sostenible en todo el mundo. Su programa Torres & Earth pretende reducir las emisiones de CO2 en un 30 por ciento por botella para el año 2020. Han invertido más de 12 millones de euros y han reducido su huella de C02 en un 25,4 por ciento en todos los ámbitos.

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Por lo tanto, su influencia es considerable, lo que sugiere que otros productores pueden prestar atención a su advertencia de que la viticultura orgánica tiene sus desventajas ambientales.

También hay otros factores a considerar. Se desconocen los efectos a largo plazo del uso de pesticidas «naturales» y los niveles elevados de la mezcla de Burdeos. Los pesticidas convencionales, hechos por el hombre, están altamente regulados desde ya hace un tiempo.

Sin embargo, su reputación está en un mínimo histórico. En los últimos años se han publicado, en medios importantes, historias que estudian los impactos sociales y en la salud del uso de productos químicos sintéticos en la viticultura. La demanda de la hija de un viticultor, James-Bernard Murat, quien falleció a causa de un cáncer relacionado con el uso de pesticidas durante un período de 40 años, se hizo famosa en todo el mundo. ¿Pero pueden los productores probar definitivamente que los métodos orgánicos no tienen efectos secundarios potencialmente dañinos, tanto para la salud personal como para el medio ambiente? La respuesta según Torres es no, principalmente en relación con el medio ambiente.

Mientras tanto, se estima que la industria de productos orgánicos y naturales tiene un valor estimado de U$S 63 mil millones en todo el mundo. Según un informe de Academics Review, un grupo fundado por Bruce M. Chassy, científico nutricional de la Universidad de Illinois, y David Tribe, científico de alimentos de la Universidad de Melbourne, la industria orgánica se ha envuelto en un patrón de marketing engañoso.

Sin embargo, sus defensores siguen firmemente convencidos de que la viticultura orgánica es el camino correcto para la industria.

«No queremos cambiar a una certificación sostenible ya que no será una mejora, por el contrario, es menos estricta que los métodos orgánicos que empleamos», dice Arthur Larmandier, de Champagne Larmandier-Bernier.

En última instancia, por supuesto, depende del productor individual decidir cómo administrar mejor sus viñedos. Tradicional, orgánico, sostenible o biodinámico, elige tu opción. Pero agrega que hace mucho tiempo que se debe realizar un examen saludable de las numerosas afirmaciones de los defensores de la viticultura orgánica y biodinámica. Como observa Smart: «No hay pruebas sólidas de que la viticultura orgánica o biodinámica mejore la calidad del vino o la salud de la vid».

Los comerciantes de vinos orgánicos han defendido su producto a lo largo de los años con declaraciones que merecen una gran dosis de escepticismo.

Suelen insistir con que el vino orgánico es mejor para el medio ambiente; Torres dice lo contrario. Ellos argumentan que es más seguro, ¿pero pueden proveer pruebas sólidas? Y afirman que sabe mejor, aunque probablemente esto dependa del paladar de cada uno.