Comenzó una nueva zafra en el norte argentino y eso siempre es muy buena noticia, más allá de la difícil situación que atraviesan las economías regionales. Como viene sucediendo en los últimos años, el primer ingenio en poner en marcha sus trapiches es la Usina La Florida. Como le gusta explicar a Caty Lonac, su vicepresidenta, los ingenios dejaron de ser sólo fábricas de azúcar para convertirse en verdaderas usinas. Integran la producción de alimentos, energía y bioproductos.

Este nuevo concepto es el que le da sustentabilidad económica, ambiental y social a la principal actividad del norte del país. Los 20 ingenios y los más de 6 mil productores cañeros generan empleos directos a 50 mil ciudadanos, y a pesar de la complicada coyuntura en la que estamos, la actividad sucroalcoholera está viviendo una transformación productiva que es digna de ser resaltada.

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Cuando se inició el mandato de combustibles en 2010, el sector atravesaba una de sus tantas crisis. Las destilerías que elaboraban el alcohol para entregarles a las petroleras para el corte con naftas eran en su mayoría las mismas que sobrevivieron del Plan Alconafta de los 80. Algunas prácticamente estaban obsoletas. El consumo de nafta iba en aumento y las arcas del Estado se desangraban por la importación de combustibles. De a poco, las viejas destilerías fueron reemplazándose por nuevas, más grandes, más eficientes, más seguras y con tecnologías de punta que dejan atrás el uso de solventes químicos. Hoy, de las 12 plantas del NOA que abastecen a las petroleras con bioetanol de caña de azúcar, 7 son nuevas.

La caña de azúcar ofrece la posibilidad de que los ingenios se generen su propia energía. Por eso en sus comienzos fueron diseñados para funcionar aislados de la red eléctrica, autoabasteciéndose de la energía necesaria para mover toda la maquinaria, gracias al aprovechamiento del bagazo, un producto residual de la molienda que se quema en las calderas. Al finalizar la zafra no debe quedar bagazo ya que si se lo expone al calor y la humedad del ambiente se convierte en un foco importante de incendio. Este el motivo por el cual los ingenios no fueron diseñados en sus comienzos con una alta eficiencia energética. La misma se definía de forma tal de encontrar un equilibrio para que no falte durante la molienda, ni sobre al final de la campaña.

La Ley 26.190 reglamentada en 2009 creó el marco jurídico para que los ingenios puedan volcar su energía a la red y poder colaborar con las necesidades energéticas del país, sobre todo en la descentralización de la generación de energía. Pero para que haya sobrante, se requieren nuevas calderas y eliminar todas esas ineficiencias en el proceso, que ahora si lo justifican. Las inversiones son enormes y la falta de financiamiento a tasas lógicas es un escollo importante. Según un informe de la UIA, el NOA apenas recibe $1 de financiamiento de cada $30 que recibe Buenos Aires.

A pesar de ello, algunos ingenios ya están volcando sus excedentes a la red y otros están en vías de hacerlo tras haber logrado la adjudicación en las diferentes convocatorias de RenovAr. Incluso un par fueron más allá y están aprovechando otras fuentes de biomasa complementarias, como eucaliptus, orujo de olivos, hasta vinaza – un efluente de la producción de alcohol y al que varios ingenios ya convierten en biofertilizantes, devolviendo al campo, los minerales y la materia orgánica que la caña se lleva.

Y esto es apenas el comienzo. Los desarrollos de la caña transgénica están listos y a la espera de su aprobación. Gracias a la incorporación del gen de tolerancia a sequía, la producción podría pasar de las 400 mil hectáreas a las 2 millones, expandiéndose fundamentalmente hacía el NEA, creando nuevas oportunidades en zonas menos favorecidas. Hace poco, comentábamos en este mismo espacio que al bioetanol le espera un futuro enorme y la caña transgénica será un aporte más que importante para este logro.

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Queda por delante todo el desarrollo de los químicos renovables. Brasil ha tomado la delantera de la mano Braskem, la petroquímica más importante de Sudamérica. A partir de la caña de azúcar elaborara polietileno renovable y otros compuestos, como por ejemplo, el material para fabricar el césped sintético de las canchas de hockey de Tokio 2020. O los  perfumes que presentamos esta semana que lanzó el Grupo Boticario. Valor agregado en su máxima expresión.

Durante las próximas semanas se irán encendiendo las calderas de los 19 ingenios restantes poniendo en marcha a todo el NOA. Se suma a una cosecha récord que se está registrando en el centro del país y a una Patagonia que va reflotando de la mano de Vaca Muerta. A pesar del parate general, hay una Argentina que dinámica que está lista para huir hacía adelante.

Queda mucho camino por recorrer. Sobre todo, mucho espacio para seguir avanzando en etanol, de caña y de cereal. Tan solo basta con mirar a donde llegó nuestro vecino Brasil para darse cuenta que el techo está lejos. Dicen que el Secretario Lopetegui habría entendido la importancia del sector y estaría reviendo las medidas restrictivas adoptadas días atrás. Ojalá que así sea para que el sector siga haciendo su aporte a la construcción de un país más federal, que tanta falta hace.