Créditos imagen: De frente al campo.

Una vez más, la política de biocombustibles recibió un repentino cambio en las reglas de juego. Llamativamente la Subsecretaría de Hidrocarburos y Combustibles emitió dos disposiciones en las que modificó la forma de fijar los precios de los biocombustibles. Se trata de la cuarta modificación desde que asumió el nuevo gobierno y la segunda en la gestión de Lopetegui al frente de la cartera de Energía.

En el caso de biodiesel se ajustaron los coeficientes en la fórmula de cálculo que determina el precio al que las petroleras deben adquirirlo.  Los nuevos valores son extremadamente exigentes y no responden a la tecnología de las plantas pymes, que son las que abastecen a las petroleras. Los industriales dicen que con estos valores no pueden cubrir los costos, pero ante los reclamos, energía amenazó con la quita de cupo a quien incumpla con las entregas estipuladas.

Por el lado del bioetanol, la disposición 24 dejó sin efecto la fórmula que se utilizaba para calcular los precios del biocombustible de caña y de maíz y fijó un precio arbitrario hasta nuevo aviso. Es esperable que una nueva fórmula se publique en los próximos días y se descuenta que no dejará conformes a los productores.

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La industria de los biocombustibles genera empleos bien pagos en el interior productivo, justo donde menos oportunidades ofrece nuestro país. Lo afirmó el mismo presidente Macri en febrero de 2016, cuando anunciaba en Tucumán el aumento del 10% al 12% del corte de bioetanol en nafta. Textualmente dijo: “Buscamos que millones de argentinos puedan elegir donde vivir, trabajar y desarrollarse, y que nunca más un ciudadano de Concepción, de Tartagal o de Perico tenga que abandonar su comunidad porque no hay trabajo”. El aumento en el cupo fue uno de los primeros actos de gobierno de Macri y permitió dar fin a una crisis en el sector que tenía a los productores cañeros en una situación límite.

Pero no fue solo un apoyo al sector. La producción de combustibles en Argentina se encuentra prácticamente estancada, en especial la de gasoil que lleva más de una década sin crecer. En 2010, cuando entró en vigencia la Ley 26.093, de exigió el uso de biocombustibles, el corte se estipuló en 5% de etanol en la nafta y 5% de biodiesel en el gasoil. La demanda de combustibles crecía y las arcas del estado se estaban secando producto de las crecientes importaciones de combustible. Para evitar esta sangría de divisas, el gobierno fue aumentando los cortes hasta llegar a los valores de hoy, de 10% en gasoil y 12% en naftas. Esta demanda hoy se encuentra en retroceso por la merma de actividad, pero así y todo en 2018 se importaron casi medio millón de metros cúbicos de naftas y más de 2 millones de metros cúbicos de gasoil; de los cuales uno 1.400 estuvieron exentos de los impuestos específicos a los combustibles líquidos, tributo con el que quieren grabar al biodiesel utilizado en forma voluntaria. Un verdadero disparate al que ya nos hemos referido semanas anteriores.

La industria de biocombustibles creció con inversiones genuinas, en su mayoría de pymes de capitales nacionales, que apostaron a los combustibles sustentables. Están presentes en 10 provincias, casi siempre utilizando con materias primas producidas localemente. Eso es dinero que queda en las comunidades locales y que se reinvierte allí mismo. Como dijo el Senador por Iowa en el evento de ABLC de la semana pasada en Washington: “Los biocombustibles de cosecha propia son buenos para el consumidor, para el medio ambiente, para la América rural, para la economía, para la seguridad nacional y para la independencia energética … nada negativo en mi opinión”.

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En sus orígenes, el biodiesel y el bioetanol se convirtieron en los últimos eslabones de las dos cadenas más competitivas que tiene Argentina. La de la soja y la del el maíz. La harina de soja es el principal producto de exportación argentino. En los últimos 10 años la producción y los embarques han aumentado un 50%. Lo mismo sucedió con la producción de aceite.  Pero no tiene la demanda que tiene la harina. Nuestro país es responsable del 50% del comercio mundial de aceite de soja y la mitad se destina a un solo país: la India. El biodiesel absorbió todo este incremento, que difícilmente hubiera encontrado mercado sin castigar los precios del resto de la cadena. Hoy la mitad de la expansión en la producción de aceite se exporta en forma de biodiesel y la otra mitad sustituye importaciones de gasoil.

Detrás del biodiesel vinieron más eslabones. Llegaron las plantas de refinación de glicerina, un subproducto de la producción del biocombustible. Argentina rápidamente se convirtió en el principal exportador de glicerina USP, un producto que tiene una gran demanda en la industria de la cosmética, de los fármacos, de alimentos, y muchas más. El mundo se cepilla sus dientes todas las mañanas con soja argentina. La glicerina renovable ha desplazado completamente a la de origen fósil, que era la más abundante antes de la explosión del biocombustible.

El bioetanol en la industria sucro-alcoholera es un paliativo a los excedentes de azúcar que el mercado argentino no puede absorber y deben exportarse a pérdida. Mucho hemos hablado de la importancia de este sector en la generación de empleo de NOA y nadie quisiera revivir lo que sucedió en 2015.

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En el caso de maíz, este año habrá una cosecha récord de casi 50 millones de toneladas. 30 millones se exportarán sin procesar y apenas 1,5 millones de toneladas serán convertidas en bioetanol. ¡Mire si no hay espacio para crecer!

La gran cosecha no es casualidad. Cuando el chacarero programó su plan de siembra, el pronostico climático era muy alentador y al maíz no le cabían retenciones. Cuando el dólar es el mismo para el grano que para los insumos, los productores se animan a sembrar híbridos de punta, que necesitan ser abastecidos de nutrientes. El más importante de ellos es la urea que registró récord de consumo esta campaña. Y la urea se hace con gas. Gas que hoy puede ofrecer Vaca Muerta, cuyas inversiones llegaron de la mano de subsidios que pudieron ser posible gracias a los dólares de las retenciones, fundamentalmente de la soja. Llegó la hora de que el yacimiento pueda demostrar que es viable por cuenta propia. Y así agro, biocombustibles y Vaca Muerta podrán sacar a la Argentina del pantano en el que se encuentra atascada.

Por eso cuesta mucho digerir este tipo de medidas. Sobre todo cuando los contratistas están penando en plena cosecha para conseguir un litro de gasoil. Ojalá el Secretario recapacite y revierta esta decisión. Por el bien del gobierno y sobre todo el país.