Los drones son unas de las tecnologías más utilizadas para capturar imágenes.

En un sector como el vinícola, fuertemente marcado por la tradición y la costumbre, no es fácil introducir las tecnologías que trae consigo la revolución digital. Poco a poco, sin embargo, las bodegas van entendiendo el potencial de estos avances y comienzan a instalar estas herramientas en la cadena de producción, principalmente en todo lo que atañe a las primeras fases del proceso. Directamente en la tierra de los viñedos.

A este carro se ha subido recientemente la bodega Emilio Moro, que presentó esta semana el proyecto en el que trabaja junto a Vodafone, la encargada de suministrar la tecnología necesaria. El objetivo, explica el presidente de la bodega, José Moro, es “poder tomar decisiones gracias a los datos y al conocimiento recolectados, y no solo en base a la intuición del enólogo”. Con la solución Sensing4Farming de Vodafone, desarrollada junto a Qampo y DigitalGlobe, el operador ha instalado una red de sensores en los viñedos que, combinados con imágenes de satélite, permiten medir factores ambientales claves como la humedad, la temperatura, la inclinación del terreno, la conductividad del suelo o la absorción del agua, así como el vigor y la salud de las propias vides. “Nos convertimos de esta manera en un gestor para el agricultor”, apunta Francisco Román, presidente de Vodafone en España.

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Una de las claves para que las bodegas empiecen a tomarse este cambio en serio es el empuje de las nuevas generaciones, en opinión de Mario de la Fuente, director de la Plataforma Tecnológica del Vino (PTV): “Comprenden esta posibilidad de crecimiento y tienen una mentalidad mucho más abierta a la innovación, por lo que no tienen problema en aunar la tradición con la tecnología”, explica.

Hay muchos focos que la tecnología toca, pero sin duda, prosigue De la Fuente, los más comunes son los relacionados con los sistemas de gestión integral, “pensados sobre todo para optimizar los costes, mejorar la producción y cuidar el medio ambiente”. Dicho así parece sencillo, pero como recuerda el experto, los retos no son pequeños. “Las bodegas intentan abordar la estimación de la producción, tanto en cantidad como en calidad, así como predecir cualquier tipo de problema”. De la Fuente se refiere, por ejemplo, a la anticipación de cualquier riesgo meteorológico derivado de heladas, granizadas o fuertes lluvias. También a la anticipación de enfermedades de la planta. “El éxito de una añada depende en gran medida del grado de precisión que seamos capaces de conseguir”.

La PTV, con más de 50 bodegas asociadas, entre las que se incluyen algunas como Codorniu Raventós, el grupo Pernod Ricard, Martín Codax, Ramón Bilbao, Torres o Matarromera, está a día de hoy inmersa en varios proyectos. Uno de ellos, cuenta De la Fuente, con financiación europea, engloba a toda una región española que coordina varias estaciones meteorológicas de la zona para que los viticultores sepan todo acerca del clima que les afecta en cada momento.

Los sensores utilizados por Emilio Moro.
Los sensores utilizados por Emilio Moro. QAMPO

Otro, en Navarra, aplica la tecnología en busca de la eficiencia energética a nivel de bodega y viñedo para reducir el impacto ambiental. Otra iniciativa trata de investigar las enfermedades que atacan a las vides, primero para deprimirlas y luego matarlas. “Además de las bodegas, trabajamos con empresas relacionadas con el corcho o los abonos. Es una prueba de que el sector vinícola sí invierte en esto”.

En Galicia, la bodega Terras Gauda decidió aplicar tecnologías de monitorización a sus parcelas y mejorar la toma de decisiones. Con “técnicas de manejo diferenciadas para cada zona homogénea, respetando sus propias características, se mejora el rendimiento de la viña respecto a su potencial cualitativo, estado nutricional y sanitario, y se reduce el impacto medioambiental”, explica el director técnico, Emilio Rodríguez.

Empresas de abono y de corchos también se unen a esta transformación

Al igual que Terras Gauda, la bodega Pazo Señorans se sirvió de la plataforma Cultiva Decisiones, un software elaborado por Seresco. Gracias a ella, mediante técnicas de big data, se analizó la información y se elaboraron diferentes modelos productivos, como la predicción de enfermedades, la predicción de cosecha e incluso las recomendaciones sobre riego. Por ejemplo, cuenta Manuel Becerra, ingeniero técnico de Pazo Señorans, los modelos de predicción de enfermedades “nos permiten ahorrar un par de tratamientos al año que económicamente suponen unos 300 euros por hectárea”.

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Los expertos creen que no hay riesgo de que la tecnología socave el saber hacer de los bodegueros y enólogos. “El mundo del vino tiene ese encanto de la variabilidad, de no saber cómo va a ser una añada. Pero eso no tiene por qué perderse con la innovación. Ahora, el enólogo tendrá toda la información importante para poder utilizarla y dirigir la producción hacia lo que crea más conveniente. Pero con la convicción de que no habrá riesgos”, cuenta José Moro. Algo con lo que coincide Mario de la Fuente: “En la viticultura de precisión no se puede dejar fuera el factor humano, porque en muchas fases del trabajo, el conocimiento de los expertos sigue siendo crucial”. A pesar de los avances, aún queda camino por recorrer, porque como dice De la Fuente, se ha pasado de tener a una persona en el campo con papel y lápiz a una cantidad ingente de información. “Muchas veces, cogemos los datos y todavía no sabemos optimizarlos”.

El País.