Nos fuimos hasta la ciudad de Washington, EEUU, para estar presentes en ABLC 2019. El evento que todos los años convoca a las empresas líderes en el mundo de la bioeconomía. Esta vez, con un condimento especial. A tan solo dos semanas de comenzar la siembra de maíz, medio Corn Belt está sufriendo los embastes del cambio climático. Un fenómeno que se conoce como «ciclón bomba» que es la consecuencias del derretimiento prematuro de la nieve y el adelanto de las lluvias primaverales, lo que está provocando el desborde de los ríos Misuri y Misisipi. El cambio climático le está jugando una mala pasada al presidente Trump, quién sigue afirmando que es un invento de los chinos para vender paneles solares.

Lo cierto es que tanto para el sector privado, como para los funcionarios de Departamento de Agricultura y de Energía, y para los representantes de los gobiernos estatales, el cambio climático es un tema central en sus agendas. Quedó expuesto en el evento, que de hecho, dejó varias perlitas que vale la pena compartir.

Todos sabemos que el mundo se enfrenta a una explosión demográfica que llegará a 10 mil millones de personas en 30 años. Esto demandará más alimentos, más productos y más energía. También sabemos que esta demanda se potenciará porque habrá más proporción de clase media, con estándares de vida más altos que impulsarán aún más el consumo. El desafío será poder abastecerlos en medio de un marco de restricción de superficie cultivable, de aumento de emisiones de gases de efecto invernadero y de respeto por los ecosistemas.

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Si estábamos preocupados porque no alcance la comida, olvidémonos. Hasta hubo quien se animó a decir que habrá que generar mayor demanda porque tenderemos un exceso de oferta de alimentos en los próximos años. La zanahoria para alimentar todas estas bocas es un negocio de U$S 5 billones de los nuestros, 5 trillones para los norteamericanos; y la inversión en tecnología está dando sus frutos. Los síntomas ya se sienten en el agro, que está viviendo una transformación a una velocidad sin precedentes, tanto debajo del suelo, como sobre el mismo. La ciencia está al alcance de los productores y de los proveedores de insumos.La robótica, los satélites y el Big Data, junto a la biotecnología, vienen siendo los grandes drivers impulsores de este cambio, que promete multiplicar los rindes. La transformación también llega a la forma de adquirir insumos. En 2019 los farmers de EEUU comprarán el 13% de sus insumos por internet. Un 60% que en 2018.

Un concepto que repetiremos más adelante es que no hay tiempo para desarrollar nuevas infraestructuras. Hay que aprovechar lo que ya existe. En este sentido, las grandes inversiones en la investigación agrícola se están volcando principalmente al maíz y la soja, y en segundo lugar al trigo, la canola y el arroz.

Se mencionó la posibilidad de expandir la frontera de producción de alimentos hacía el mar, mediante el cultivo de macro-algas. Hoy la tecnología es muy cara. Especialistas aseguraron que sus elevados costos aún se debe a que se trata de una tecnología incipiente. La gran ventaja es que el mar cuenta con sus propios nutrientes y no requiere de agua fresca. Lo lógica indicaría que no es tierra o agua, si no tierra y agua, una convivencia de ambos sistemas. El debate quedó planteado.

Las alternativas renovables y biodegradables para los plásticos, fue otro de los temas jugosos que se trataron, junto a los químicos renovables. Van de la mano. Pero no viene fácil. Como dice mi padre, “los contrarios también juegan”. La pérdida de mercados energéticos, lleva a la industria petrolera a enfocar sus esfuerzos en la petroquímica, donde esperan colocar el 30% de la producción de petróleo. Los especialistas sospechan que van a estar muy agresivas en este sector que requiere de acciones ambientales urgentes. Pero son ptimistas en que la población es consiente y los esfuerzos por reciclar y consumir productos ambientalmente superadores están creciendo muy rápido. Están convencidos que se viene también una transformación en la industria química. Será colaborativa y circular. Startups aportando ideas innovadoras a las industrias tradicionales.

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Los gases industriales y las distintas fuentes de biomasa azucarada tendrán mucho protagonismo en los próximos años. En el primer caso, ya hay 6 plantas en el mundo que capturan los gases de las chimeneas y lo transforman en propileno. En el segundo, mediante procesos fermentativos, a veces asistidos o complementados con la termoquímica se pueden logran una gran cantidad de productos. La edición genómica jugará un papel clave para moldear la biomasa de forma de otorgarle mejores características que permitan su fácil conversión en estos productos.

Otra perla. En todos estos procesos, ya sea como paso intermedio o como co-producto, se obtiene etanol. Cualquiera sea la fuente de biomasa. Plásticos reciclados, gases, caña de azúcar, remolacha, cereales, o materiales celulósicos. Varios ejemplos ya hemos presentado en este portal. Del mismo, la glicerina, subproducto del biodiesel, también es otra llave para nuevos productos, incluyendo más biocombutibles.

¿Y que va a pasar con la energía? La respuesta es simple. Amazon, el gigante de las compras online dijo públicamente que tiene la misión de ser carbono neutral. Para 2030 la mitad de sus productos deben ser entregados bajo esta premisa. Las compañías de correo necesitan de Amazon y eya están detrás de los biocombustibles, que hoy son la única alternativa viable. Lo mismo sucede en California, el estado con las políticas más ambiciosas en reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. El objetivo es que para 2030, las emisiones GEI deberán reducirse en forma progresiva hasta llegar a un 40% respecto de los niveles registrados en 1990. En el sector energético, los biocombustibles son responsables del 80% del cumplimiento de estos objetivos, mientras que la movilidad eléctrica aún no llega al 1%.

Los biocombustibles utilizan la infraestructura existente. Dijimos que volveríamos sobre este tema. Y aquí tenemos otra perla que nos dejó el congreso. Esta infraestructura no solo son las estaciones de servicio. Están las refinerías de petróleo. Se espera un rol especial para el biochar o petróleo vegetal. Un producto similar al fósil que puede conseguirse a partir de materiales celulósicos que podría procesarse en las refinerías de petróleo existentes.

Despierta especial interés el biogás purificado. Ya sea de tambos o rellenos sanitarios. Que además se anota como el combustible más limpio con emisiones negativas. Más allá de uso para generar energía eléctrica, es posible inyectarlo en los gasoductos.

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Por último, un sector qué si o si ira virando hacía los biocombustibles, es el aeronáutico. La aviación comercial duplicará la cantidad de pasajeros en los próximos 15 años y se ha fijado el objetivo de no incrementar sus emisiones GEI. El camino, es sin duda los biocombustibles, sobre todo los avanzados.

Nos volvemos con la convicción de que la biomasa tiene un futuro esplendoroso y con la ilusión que es el camino para salir de la crisis. Pensando en cómo poder integrar los químicos a la producción de alimentos y energía, donde ya somos competitivos. Conocemos de memoria todas las externalidades positivas, más allá de las ambientales que esto implica, como la generación de empleos con sueldos bien pagos en el interior, el fortalecimiento de las economías regionales y el sostén de los precios agrícolas.

La ilusión está. Solo falta el convencimiento político.

ABLC 2019 – Cierre