Plataforma petrolera noruega en el Mar del Norte. (Reuters)

El gobierno noruego anunció que su fondo soberano, el mayor del mundo con un billón de dólares y alimentado con los ingresos de sus ventas de petróleo y gas, empezará a vender parte de sus participaciones en empresas de exploración de petróleo y gas. La decisión está sujeta a una muy probable aprobación parlamentaria.

La desinversión, la mayor en el mercado energético hasta ahora de un solo golpe, envía una señal contra las energías fósiles contaminantes. El gobierno noruego asegura que, además de ser una estrategia contra el cambio climático, el objetivo es hacer su economía menos dependiente de las fluctuaciones de los precios del petróleo.

El fondo soberano del país escandinavo tiene ahora mismo unos 37.000 millones de dólares invertidos en acciones de compañías relacionadas con el mercado del gas y el petróleo.

La desinversión empezará por los 8.000 millones invertidos en participaciones de 134 empresas, todas dedicadas a la exploración de pozos de petróleo y gas natural y sin otras actividades fuera de ese sector energético.

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Los 29.000 millones de dólares restantes están invertidos principalmente en acciones de tres grandes petroleras: la anglo-holandesa Shell, la británica British Petroleum y la francesa Total. Según el gobierno noruego, no venderá por ahora esas acciones porque esas empresas tienen también actividades en energías renovables. La decisión tampoco afectará a la parte de las acciones de la petrolera pública noruega Equinor (la antigua Statoil) que controla el fondo soberano.

Los grupos ecologistas recibieron la noticia con comentarios positivos pero esperaban que la decisión fuera más allá y se vendieran ya todas las acciones de empresas petroleras.

El fondo soberano noruego tiene prohibido desde hace años invertir en empresas relacionadas con la extracción o explotación de carbón para producción energética.

Desde hace años ha ido creciendo en Noruega un movimiento contra las inversiones en empresas de prospección y extracción de carburantes fósiles. Surgido de los grupos ecologistas, de las universidades y de grupos religiosos, fue el germen de la decisión de prohibir las inversiones en carbón.

Pero la decisión anunciada ayer se explica principalmente por razones económicas. El Banco Central noruego recomendó hace ya dos años que el fondo soberano –que en parte está bajo su gestión- vendiera todas sus participaciones en empresas de petróleo y gas para reducir la dependencia del país del precio del petróleo, que además se usa como referencia para establecer el precio del gas natural.

La economía noruega está expuesta a las fluctuaciones del precio del petróleo. El mercado actual, con el desarrollo de las energías renovables y la lucha contra el cambio climático, tiende a presionar el precio del petróleo a largo plazo a la baja, por lo que invertir el dinero que se usará en el futuro para, por ejemplo, pagar pensiones, en petróleo puede parecer cada vez más arriesgado.

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Noruega sigue siendo una economía en gran parte dependiente de las ventas de petróleo y gas. Representan la mitad de sus exportaciones totales y el 20% de los ingresos fiscales. Esos ingresos van directamente al fondo soberano –al que se conoce informalmente como ‘fondo petrolero-, una especie de caja de reserva para el futuro.

El gobierno sólo saca dinero de ese fondo en algunas ocasiones para cuadrar sus cuentas. Noruega cerró 2018 con un rojo fiscal del 5,1% y una deuda pública del 36,66%. Sus bonos a 10 años se colocan en los mercados a una tasa del 1,69%.

Un comité nombrado entonces por el gobierno noruego decidió ignorar la petición del Banco Central. Ahora, en un intento por empezar a dar pasos en ese sentido, el ministro de Finanzas, Siv Jensen, decide desinvertir ya en empresas de exploración petrolera pero podría ir más lejos en los próximos años sacando a su fondo soberano del mercado energético. Un paso significativo.

Los grupos ecologistas consideran que la medida estará completa el día en que el fondo soberano abandone todas sus inversiones en empresas petroleras, también en los tres gigantes (Shell, BP y Total) en los que por ahora las mantendrá.

Martín Ideafe / Clarín.