El cielo es el límite para construir con madera.

Los edificios y el sector de la construcción, juntos contabilizan aproximadamente el 36% de la energía que se consume en el mundo y el 39% de las emisiones de dióxido de carbono, considerando la energía consumida aguas arriba, es decir aquella necesaria para elaborar los materiales con que se construye.

Los progresos en los edificios sostenibles y la construcción en materia de emisiones han mejorado un poco en estos años, pero no lo suficientes. Para cumplir con las metas del acuerdo de París, la intensidad energética por metro cuadrado deberá reducirse en un 30% para el año 2030 (tomando como base los valores de 2015). Sin embargo, lejos de ello, entre 2010 y 2016, la demanda global de energía en los edificios ha aumentado un 5%. Es decir que los esfuerzos por mejorar la eficiencia no han podido compensar el crecimiento de la superficie edificada.

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Un dato positivo es que las emisiones de carbono vinculadas al consumo energético en los edificios parecen haberse estabilizado en torno a los 9 Gtons de CO2 equivalente. Este valor es básicamente, producto de una reducción de la intensidad de carbono en las plantas de generación de energía. Si bien el consumo directo de los edificios mejora a un ritmo medio de 1,5% por año, las emisiones asociadas a la construcción de nuevos edificios crecen a una tasa de 2,3%. De continuar con este ritmo en las próximas décadas, será muy difícil alcanzar la reducción de 2°C de la temperatura media del planeta.

Solamente la producción de hormigón es responsable del 8% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero. Para 2050, el mundo deberá construir viviendas para 3.000 millones de personas más, por lo que encontrar soluciones de construcción sostenibles resultará esencial. Y una de las opciones que están apareciendo como alternativas sustentables son la biomasa en general y la madera en particular.

En general, la madera es apreciada por su menor huella ambiental y mayor velocidad en la contrucción de edificios, pero hay una serie de otras ventajas que hacen que sea económicamente atractiva en los sistemas constructivos. Es más liviana, lo que significa cavar bases más pequeñas en el suelo. Los costos de las grúas disminuyen ya que ya no transportan bloques de cemento decenas de metros en el aire y su construcción requiere mucho menos energía.

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La creciente disponibilidad de madera laminada cruzada (CLT) ha despertado mucho interés. Se trata de paneles prefabricados enormes, hechos de varias capas de madera pegadas perpendiculares entre sí, que lo hacen lo suficientemente fuertes como para sostener edificios grandes y llegar a la obra listos para ser ensamblados como piezas de un Jenga. Son también estas capas lo que ayuda a que el CLT sea resistente al fuego: las capas exteriores se carbonizan lentamente, protegiendo la madera del interior de la combustión.

Varios proyectos están surgiendo. En Londres, PLP Architecture ha propuesto un rascacielos de madera de 80 pisos, equipado con 1.000 unidades residenciales, que lo convertiría en el segundo edificio más alto de la ciudad. La ciudad de Burdeos, en el suroeste de Francia, se ha comprometido a construir 25.000 metros cuadrados en espacios de madera por año, durante los próximos 15 años. Uno de los proyectos que lidera el camino es la torre Hypérion, un edificio residencial de 18 pisos, con pisos y paredes de CLT. Será una de las estructuras de madera más altas del mundo cuando se finalice en 2020. En Tokio se han propuesto construir el rascacielos de madera más alto del mundo. Tendrá 70 plantas y estará fabricado en un 10% de acero y en un 90% de madera, un total de 185.000 metros cúbicos de ese último material. La inmensa torre albergará 8.000 hogares, hoteles, oficinas y comercios con árboles y vegetación en los balcones de cada planta.

La eficiencia energética es otro aspecto que debe ser tomado en cuenta. Una buena aislación reduce los consumos energéticos, y por ende las emisiones de carbono. Varias opciones de paneles aislantes derivadas de biomasa ya se encuentran disponibles en el mercado.

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El diseño arquitectónico puede lograr resultados fabulosos en el ahorro de energía. Aquí nace la idea de la arquitectura bioclimática. Un concepto que viene de la edad antigua que consiste en mantener el hogar en las condiciones de temperatura y humedad dentro de lo conoce como «zona de confort» sin aporte externo de energía. El filósofo griego Sócrates (469-399 a.C.) transmitía a sus discípulos el conocimiento de la adaptación del edificio al clima, teniendo en cuenta la diferente altura solar que alcanza el sol a lo largo del año. Ya conocía las posibilidades de aprovechar el efecto calorífico de los rayos solares en invierno y evitar éstos en verano.

Existen numerosas estrategias de captación solar y refrigeración pasiva (que se conocen desde hace muchos años y han ido quedando en olvido a medida que la energía fue estando disponible a menores costos) con las cuales es posible reducir las necesidades energéticas de un edificio hasta en un 60%.

Enfocarse en fomentar el diseño bioclimático y materiales aislantes y sustentables serán la clave para poder revertir las emisiones del sector que mas daño está causando al cambio climático.