La cantidad de plástico que producimos para envasar bienes de consumo – especialmente aquellos de rápido movimiento como alimentos, bebidas, artículos de tocador (FMCG) – ha alcanzado un nivel sin precedentes. Estamos drenando nuestro planeta para producir estos embalajes: los plásticos están hechos de combustibles fósiles y el 8% de la producción anual de petróleo del mundo se convierte en plásticos.

[bctt tweet=”El futuro del plástico vendrá no será su desaparición, si no su reinvención como bioplásticos” username=”bioeconomia_web”]

Además de las repercusiones medioambientales del proceso de producción, la mayoría de los plásticos producidos para el embalaje de FMCG no son reciclables, e incluso si lo son, no los reciclamos. Solo el 14% de los envases de plástico se recolectan para su reciclaje, que luego pasa por un proceso de clasificación y, al final, solo el 5% de todo el plástico se reintroduce en el ciclo de producción.

[bctt tweet=”El 8% del petróleo que se procesado en el mundo se convierte en plásticos. Apenas el 5% se recicla” username=”bioeconomia_web”]

No hay una única solución al fenómeno plástico. Por un lado, la tasa que estamos produciendo y consumiendo plásticos está destruyendo nuestro planeta viviente. Por otro lado, el plástico es un material liviano, duradero y relativamente barato para producir. Ahorra en costos de transporte -financieros y ambientales- mantiene los alimentos seguros para su consumo durante mucho tiempo y nos permite producir soluciones como las redes de malaria, que salvan vidas por sólo dos dólares por red.  

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El complejo problema de los plásticos debe abordarse desde todos los frentes. Sí, reducir la cantidad de basura personal plástica individual es parte de la solución, pero también tenemos que pensar en el panorama general. El plástico no solo cubre los tomates en el supermercado, está en todas partes y en cualquier lugar.  

Además de las soluciones centradas en el consumidor, también existe una creciente necesidad de diseñar nuevos materiales que puedan reemplazar el plástico que no podemos reciclar. Los nuevos materiales deben tener todos los aspectos positivos del plástico, duraderos, ligeros, baratos, y reemplazar todos los negativos, hechos de combustibles fósiles, no reciclables y no biodegradables. 

Por suerte, científicos de todo el mundo vienen tratando de reemplazar el plástico, y es emocionante ver las innovaciones que surgen, que son simples y prometedoras al mismo tiempo. 

Evoware es una de esas compañías que está produciendo una alternativa a los plásticos convenionales. La empresa con sede en Indonesia produce soluciones de embalaje ecológicas, biodegradables e incluso comestibles. Su material de empaque proviene de las algas marinas, se disuelve en agua tibia, es 100% biodegradable y no solo es seguro comerlo, también contiene una buena cantidad de fibra, vitaminas y minerales que se encuentran naturalmente en estas especies. Y a pesar de ser comestibles y biodegradables, los productos de Evoware tienen una vida útil de 2 años.  

Otra interesante alternativa plástica es NUATAN, un nuevo material sostenible desarrollado por el estudio de diseño e investigación Crafting Plastics. NUATAN está “hecho 100% de recursos renovables crudos, polimerizados a partir de almidón de maíz y metabolizado por microorganismos y es totalmente compostable”. Supuestamente, tiene una vida útil de hasta 15 años y puede soportar temperaturas de hasta 110 grados centígrados.  

Los diseñadores actualmente están elaborando varios productos de valor agregado hechos de NUATAN, como gafas de diseño, donde el precio no difiere mucho de sus contrapartes no biodegradables; pero esperan que con la expansión de la demanda de bioplásticos pueda bajar el costo de la producción, para que NUATAN se pueda usar a escala industrial.  

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Y este es el principal problema de los bioplásticos. Por más prometedores que parezcan, los dos ejemplos anteriores (y muchas otras alternativas plásticas) se producen en pequeñas cantidades y principalmente a pedido. El costo de producción es actualmente más alto que el plástico tradicional que destruye el planeta, por lo que es difícil entrar en los ciclos de producción establecidos. 

Sin embargo, aquí es también donde los múltiples frentes mencionados anteriormente entran en escena. Lo único que podría, y lo hace, convencer a las industrias de gran escala, es el cambio en la demanda de los clientes. Por lo tanto, reducir el consumo de plástico puede no tener un efecto inmediato y estadísticamente significativo en la batalla ambiental, pero sí tiene un impacto a escala mayor.  

Por ejemplo, recientemente The Guardian anunció su cambio a una alternativa plástica a partir del almidón de la papa para el embalaje de su edición impresa. El envase es completamente biodegradable y se disuelve en seis semanas.  

Unos meses antes de eso, Lego lanzó ladrillos sostenibles hechos de un plástico de origen vegetal procedente de la caña de azúcar. Al explicar el lanzamiento como el primer paso en la meta de la compañía de utilizar sólo bioplásticos en 2030. Tim Brooks, Vicepresidente de Responsabilidad Ambiental de Lego, dijo: “los niños y los padres no notarán ninguna diferencia en la calidad o apariencia de los nuevos elementos”.  

En el gran esquema de cosas, estos pasos son bastante minúsculos y algunos pueden considerarlos frívolos, pero si seguimos sentados y esperando (y escribiendo) el “gran” cambio, es muy poco probable que salga de la nada. El futuro del plástico no reside en su desaparición completa, sino en su reinvención como bioplásticos.