Esta semana en BioEconomia te presentamos JIVE, la última innovación de la fabulosa industria de bioetanol. Se trata de un mejorador de asfaltos de base biológica obtenido a partir del aceite de maíz que se extrae durante el proceso de producción del biocombustible. El desarrollo llegó de la mano de POET, la mayor empresa elaboradora de biocombustibles del mundo, que cuenta con más de 27 refinerías en Estados Unidos, incluida la planta de etanol celulósico en Emmetsburg, Iowa.

JIVE se suma así a una amplia gama de productos biológicos que tienen su origen en esta fabulosa industria. Quizás, la que mejor ha aplicado los conceptos de la bioeconomía.

Cualquiera sea su fuente de materias primas, tiene el denominador común que ha nacido para agregar valor a la producción agrícola. Se instaló en el mismo sitio en donde se generan sus materias primas y ha sido un aporte fundamental a la creación de empleo de calidad en zonas rurales, tanto en forma directa, como también a través de la gran demanda de servicios que requiere. La industria de etanol, y sobre todo en nuestro país, está compuesta en su mayoría por empresas locales que continuamente reinvierten sus ganancias en el sector, generando un círculo virtuoso, que justamente es lo permite su constante innovación y un impulso fenomenal a la economía local.

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La producción masiva de etanol con destino a biocombustible nació en Brasil en los años ´70. En aquel entonces, apenas era un subproducto de la producción de azúcar. El alcohol solo se elaboraba a partir de melaza, una especie de miel que forman los azúcares de la caña que no pueden ser cristalizados. El bagazo, la parte de la caña que queda luego de la extracción de azúcar, se quemaba para generar la energía necesaria para mover toda la maquinaria. La capacidad de autogenerarse su propia energía permitió a los ingenios instalarse en el campo. Al final de la zafra, no debía quedar bagazo almacenado, puesto que su exposición a la lluvia y el sol representaba un serio riesgo de incendio. Por eso, para las usinas ser energéticamente eficientes representaba un problema.

El surgimiento de los biocombustibles y las energías renovables generó las condiciones para un cambio profundo en esta industria. Ahora se justifica producir el bioetanol a partir directamente del jugo de la caña y los ingenios tienen la posibilidad de comercializar sus excedentes de energía. Cada kw ahorrado en el proceso se convierte en mayores ingresos. A pesar de las dificultades de acceso a crédito, en los últimos 5 años, los ingenios vienen reemplazado las turbinas de vapor por accionamientos electromecánicos, mucho más eficientes. Las viejas destilerías son reemplazadas por nuevas, de mayor capacidad y con un consumo de vapor por metro cúbico de alcohol elaborado de la tercera parte.

Empresas como Tabacal, en Oran, Salta, se han embarcado en proyectos forestales para plantar eucaliptus para quemar en sus calderas, así como el aprovechamiento de biomasa residual procedente de otras industrias, como el orujo del olivo. En Tucumán, Los Balcanes se ha embarcado en un proyecto millonario para instalar una caldera capaz de quemar la vinaza, un efluente de la producción de etanol, en lo que es un proyecto inédito a nivel mundial. Del mismo modo, la Universidad de San Pablo T ha desarrollado un centro de biotecnología aplicada en el cual trabaja en nuevas variedades que permitan expandir el cultivo de caña hacía el NEA, previendo un mayor consumo de etanol.

Las nuevas destilerías que se han instalado están adaptadas para integrarse con la producción de etanol de cereal, un fenómeno que viene creciendo muy fuerte en Brasil y que probablemente veamos en los próximos años en Argentina.  La producción de etanol a partir de maíz es la que más viene creciendo en el mundo, impulsado fundamentalmente por el mayor consumo en Estados Unidos. Allí, en poco más de 10 años se ha duplicado la cantidad de maíz que se destina a biocombustible y los pronósticos indican que la tendencia continuará creciendo por el avance del auto flex y la casi segura aprobación del uso de E15.

A pesar de que la industria de bioetanol de cereal es muy joven, ha ido evolucionando muy rápidamente. En sus comienzos, apenas producían el biocombustible y todo lo que salía de las torres de destilación, que no era alcohol, formaba los destilados de granos – un producto parecido a la burlada, muy rico para la ganadería. Con el correr de los años (y muchos millones de dólares invertidos en investigación) se lograron otros productos de muy alto valor. El primero de ellos fue la captura del dióxido de carbono resultante del proceso de fermentación. En Argentina lo hace ACABio en Villa María. El CO2 renovable resulta de mucho interés para las empresas de bebidas gasificadas que realizan grandes esfuerzos para bajar su huella de carbono. Hoy en día son muchas las que han optado por este producto, dejado de consumir el gasificante de origen fósil.

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Muchas destilerías extraen el aceite del maíz y lo convierten en Biodiesel.  Esto permite extraer de los destilados una porción más rica en proteínas, de mayor valor nutricional y por lo tanto económico. A partir de las vinazas livianas se puede obtener biogás y convertirlo en energía eléctrica y calor, que luego es aprovechado en el mismo proceso de elaboración de alcohol. Este es el caso de Bio4 en Río Cuarto, que además incorpora al biodigestor el estiércol de tambos y feedlots vecinos a los cuales les vende los destilados. Un fabuloso ejemplo de economía circular.

Por fuera de las refinerías, algunos emprendedores han desarrollado negocios de nichos que resultan muy interesante. Aprovechando las bondades que ofrece el etanol por ser un combustible renovable, limpio y sin olor, han desarrollado estufas con diseños muy bonitos, apuntando al público comprometido con las causas ambientales. Compran el etanol, lo fraccionan y los distribuyen en los hogares de sus clientes, felices de no tener que lidiar con el humo ni las cenizas de los hogares tradicionales.

Ahora POET ha logrado colocar un producto renovable en el mundo de la industria petroquímica. Su esfuerzo debe sumarse al de Braskem, la mayor petroquímica de América que está convirtiendo el etanol en biomateriales de altísimo valor. Se ha convertido en el primer proveedor de polietileno renovable de Lego, la popular marca de ladrillitos para niños y de Allbirds, una startup californiana que elabora ojotas con materiales renovables. Recientemente se supo que proveerá el material para elaborar el césped sintético de las canchas de hockey de los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020.