Por años, las marcas de indumentaria han estado promoviendo el uso masivo de ropa alrededor del mundo. Pasaron de la cuatro colecciones al año a ocho o hasta doce. Un fenómeno que se conoce como fast-fashion. Ropa que queda fuera de moda en muy poco tiempo y que llevó a que el consumo se duplique en los últimos 15 años. Para poder competir en calidad, diseño y precio, el ajuste de las marcas vino por el lado de sus costos. Bajos salarios, malas condicione laborales y baja calidad en las telas utilizadas. Este último aspecto afecta directamente al medio ambiente. La textil es la segunda industria más contaminante, detrás de la petrolera.

El aumento en el consumo y la corta duración de las prendas hace que cada día se acumulen más y más en los rellenos sanitarios. Sus materiales no son reciclables y su toxicidad se ha convertido en un serio problema. Según el Banco Mundial, más del 20% de la contaminación de los ríos y mares se debe a los químicos despedidos por la industria textil.

Afortunadamente, no todo pasa por verse bien o sentirse a la última moda. Hay un nuevo consumidor, cada vez más consiente con los temas sociales y ambientales que demanda productos responsables con el medio ambiente y la comunidad. Así fue desarrollándose una nueva tendencia en la moda, la slow-fashion o moda sustentable. Nació a través de pequeñas tiendas, que con el fin que la ropa pasada de moda no llegue a los basurales, la revendían o alquilaban. De a poco, se fueron sumando algunos fabricantes y fue naciendo este nuevo concepto de ropa ética. Marcas de lujo como Gucci, Yves Saint Laurent o Stella McCartney han apostado por nuevos materiales que se aplican a esta filosofía: amables con el medio ambiente y sin explotación laboral.

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Furor por las carteras de cuero ecológico elaborado con hongos

Hoy podemos encontrar muchos ejemplos de ropa sustentable. Como por ejemplo, el caso de la cadena hotelera Iberostar Hotels & Resorts. El poliéster del tradicional uniforme del personal ha sido reemplazado por un material 100% elaborado con plástico reciclado del mar y basurales. Con esta iniciativa la empresa española espera reciclar 470.000 botellas de plástico y dejar de consumir 8.000 metros de poliéster tradicional, más contaminante.

TreeToTextile AB es una iniciativa conjunta integrada por los gigantes H&M, Inter IKEA y Lars Stigson, un reconocido innovador, con el fin de desarrollar nuevas fibras textiles sostenible a costos atractivos. Recientemente anunciaron la incorporación al joint-venture de Stora Enso, una de las empresas líderes en el desarrollo de procesos y productos renovables a partir de biomasa sustentable. La firma sueca destinará una de sus biorrefinerías que posee en Suecia para llevar el proyecto a escala experimental. Los 4 comparten la visión que hay un gran mercado para fibras con buenos desempeños de sostenibilidad a niveles de costos atractivos.

Cuando se juntan la moda y la sostenibilidad, la creatividad no tiene límites. Como la de Jalila Essaidi, una artista holandesa, quien creó una colección de prendas hechas con fibras obtenidas de la bosta de las vacas. En Holanda, los tambos deben pagar para deshacerse del estiércol. Essaidi, junto a 15 productores tamberos de Eindhoven están montando una refinería industrial para obtener fibras de la celulosa. La gran ventaja es que el proceso de ablandamiento y suavizado de la celulosa, necesario para elaborar las fibras, lo hace la vaca en el rumen. Esto conlleva a un importante ahorra energético en el proceso.

Otro caso emblemático de éxito es el de Patagonia. Reemplazó el neoprene -un material compuesto en 70% por hidracarburos- de sus trajes de agua por yulex, un material que se logra a partir de la goma natural en Guatemala. El yulex se obtiene de bosques manejados bajo normas de sustentabilidad certificadas, y presenta propiedades mecánicas superiores al neoprene.

Y continuando con el deporte, el conjunto alternativo de color azul -en tributo a la conquista de la Copa de Europa de 1968- que el Manchester Utd está utilizando esta temporada está elaborado con plásticos reciclados de las playas y comunidades costeras. Lo mismo está haciendo la marca de las tres tiras con las zapatillas Parley, también elaboradas con plásticos reciclados, con las cuales esperan alcanzar a vender este año unos 5 millones de pares. La indumentaria provista por Adidas alcanza a más productos sostenibles; la ropa de la primavera y el verano boreal de 2019 contendrá alrededor del 41% de poliéster reciclado.

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Livaeco, la opción sustentable en la moda India

Siguiendo con los calzados, Reebok ha elegido el maíz como el material base preferido para la fabricación de próximas zapatillas deportivas, como parte de su iniciativa Corn + Cotton. La parte superior del calzado estará hecha de algodón orgánico, que no es algo fuera de lo común para una zapatilla casual, pero en este caso el producto sostenible derivado del maíz será el encargado de reemplazarlos las suelas, generalmente elaboradas con materiales fósiles.

Más cerca, en Brasil, Braskem ha presentado un polímero de acetato de vinilo y etileno (Goma Eva) derivado de caña de azúcar. La primera aplicación de este material es en ojotas desarrolladas por la marca Allbirds de San Francisco. La empresa pionera en calzado ambientalmente inteligente, ha recibido recientemente inversiones de Leonardo Di Caprio y de la estrella basquetbolística de los Golden State Warriors, Andre Iguodala.

Y no podía faltar el cultivo celular. Bolt Threads es una start-up de biotecnología que ha recaudado cantidades impresionantes de dinero para desarrollar y comercializar tejidos alternativos amigables con la naturaleza. Han desarrollado Mylo, una tela cultivada en laboratorio que tiene el aspecto y la sensación del cuero, pero está hecha con micelio, la estructura de la raíz de los hongos. A ella se han asociado nada menos que Stella McCartney y Patagonia.

En nuestro país, Verónica Bergottini, una bióloga misionera está incursionando en indumentaria elaborada a partir de materiales biológicos, como residuos de cosecha. Su emprendimiento, BioTex utiliza biomateriales de origen microbiano para confeccionar carteras, sobres y accesorios. Una vez cosechado, secado y tratado, el biomaterial adquiere un aspecto similar al del cuero y posee la ventaja de que es biodegradable y compostable.

La bioteconología está jugando un papel clave en la moda ética. No solo en los nuevos materiales naturales, sino también en los colorantes biodegradables, como el caso de la firma Pili, que ha desarrollado un teñido textil bacteriano. La tecnología se basa en un proceso de extrema eficiencia mediante la fermentación de microorganismos para producir tintes que resultan amigables para el medio ambiente.

La bioeconomía no es solo usar materiales distintos, con menor huella de carbono y más amigables con el medio ambiente. Va más allá del producto y el enfoque está puesto en todos los procesos que intervienen en el ciclo de vida de la indumentaria. Este es el ejemplo que nos deja Pangaia, una cooperativa que ha desarrollado camisetas hechas con un 20 por ciento de fibra de algas marinas y terminadas con un tratamiento de aceite de menta. El nuevo material permite que cualquiera pueda usar la camisa hasta 10 veces sin lavarse. Este nuevo enfoque es justamente el nuevo paradigma de la bioeconomía. En este caso puesto al servicio de la moda.