En el teléfono le aparecen características de Chaco, Santiago del Estero y Santa Fe como nunca antes en su vida a Pablo Bereciartúa, el encargado de las obras del Gobierno nacional para evitar inundaciones.

Ingeniero platense y con un paso por Yale y la Fundación Eisenhower, Bereciartúa trabaja bajo la órbita del ministro Rogelio Frigerio, aunque habla directamente con Mauricio Macri, que el mismo día que retornó de sus vacaciones tuvo que sobrevolar en helicóptero por las vastas hectáreas afectadas por las lluvias.

En su despacho ubicado frente a la Rosada, el secretario de Infraestructura y Política Hídrica recibió a LPO.

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¿Por qué se inunda la Argentina cuando llueve?

Creo que hay dos factores y los dos son muy importantes. El primero es que el tema es un tema global. De hecho voy a citar dos fuentes globales muy recientes. Una es Naciones Unidas. Ban Ki Moon hace dos meses acaba de presentar el reporte global anual de Naciones Unidas donde el punto principal es que hay que ir a la adaptación. Lo cual hace sentido porque también este año se hizo la COP 21, la cumbre mundial de clima número 20, es decir hace 21 años que se hacen reuniones. El tema estaba bastante diagnosticado, se sabe que es grave. Todo el foco hasta ahora fue principalmente la mitigación, que es dejar de generar que el tema se agrave. Ahora hay un consenso de que le tema incluso si hay éxito en la mitigación ya es grave y va a ser muy grave. Lo que viene es no sólo su reconocimiento sino cómo se enfrenta. Entonces Naciones Unidas lo pone como eje de su informe global y además crea un centro global que se llama Global Center on Adaptation que empezó a operar hace un mes. Al mismo tiempo, si se ve el sector privado, en las últimas cuatro cumbres de Davos se hace la encuesta de cuáles son los riesgos principales que enfrenta el planeta. Eso es cuadrante con el impacto del riesgo y el impacto económico. Y en el cuadrante superior derecho sistemáticamente aparecen los desastres naturales e incluso específicamente está tema del cambio climático y específicamente un punto para la gestión del agua. O sea que además el sector privado también lo está empezando a ver como algo estructural y grave. El segundo factor es la Argentina.

Nosotros venimos de una larga trayectoria de ser un país en el que no responde su sistema político y tampoco su sector privado a ninguna visión de mediano-largo plazo. La conclusión de eso es que estamos enfrentando emergencias recurrentes, en el caso de nuestro gobierno desde que empezamos. Empezó el gobierno no sólo con una situación económica dramática en términos de deuda de obra pública que es lo que pasa por acá, casi de un año de deuda en términos de falta de información, de falta de proyectos, sino también con el año de El Niño. El año 2016 fue El Niño, hubo grandes inundaciones; de hecho una de las primeras medidas de gestión del presidente Macri fue ir el 4 enero, cuando estaba de vacaciones en La Angostura, volvió y voló por sobre Concordia. Ese fue el primer compromiso que él tomó, es una obra que hicimos nosotros desde la Nación, y ya se terminó, para proteger la ciudad de Concordia sobre todo los barrios más vulnerables. Se hizo una presa lateral larga para contener el río Uruguay.

Ese año de El Niño tuvo una rareza muy particular porque no fue sucedido por un año de La Niña sino que se extendió El Niño un año más que fue el 2017 y recién La Niña llegó con la sequía de 2018. Y hoy enfrentamos de vuelta el inicio potencial de lo que puede transformarse en un año símil a El Niño. Es decir que enfrentamos de vuelta lluvias extraordinarias Ha pasado menos de un mes de este año y en el último año en algunos lugares de la Argentina como son los que hoy están más afectados ha caído la misma cantidad de agua que casi en un año. Entonces el tema es que los dos factores son importantes. Se transforma en un factor estructural para la economía argentina el clima, sobre todo porque tiene afectaciones regionales muy importantes. Lo que hace es genera problemas a escalas subnacionales muy graves y también genera mucho impacto social. Hay muchas localidades que están muy complicadas. Esta semana al río Paraná se le sumó el Uruguay: justamente lo que está pasando ahora es que hace una semana la situación grave estaba sobre el Paraná, al norte de Santa Fé, sur de Chaco. Todo eso se agravó y además se sumó una crecida muy sobre el Uruguay.

¿Cuál es la pérdida económica que dejan las inundaciones?

Nosotros lo que estimamos solamente recabando información y los análisis que han hecho terceros es que fácilmente en estos tres años de gobierno el impacto oscila -depende cómo se lo mida- entre 15 y 20 mil millones de dólares en total. Sobre todo las inundaciones en términos del año 2016 y 2017 que han sido estimadas en aproximadamente 5 mil millones de dólares cada una. Esos son los impactos directos, pero hay una cantidad de impactos indirectos que están asociados a esos eventos como por ejemplo los daños en infraestructura que se reparan recién en los siguientes años, como los caminos rurales; las decisiones que se evitan de inversión por estas consecuencias; los cortes de ruta, no olvidemos que seguimos teniendo cortadas algunas de nuestras principales rutas nacionales, por ejemplo en la La Picasa la ruta 7 lleva tres años cortada.

La sequía que se sumó en 2018 tiene un impacto estimado de 7 mil millones de dólares que además fue un factor también significativo para la crisis macro de la economía argentina y ahora empezamos a sumar impactos económicos para este año. O sea que es un tema muy relevante. El otro componente es que cuando se analiza este tema no sólo hay que ver los costos sino cuáles son las ganancias evitadas, lo que sería el equivalente a la producción que no se pudo realizar. Entonces si hacemos la cuenta y tomamos que la Argentina tiene aproximadamente 400 mil millones de dólares de PBI hoy en ese orden y estamos hablando de 5000 millones de dólares de impacto y de 7 mil millones de dólares de impacto, es un impacto que puede llegar a superar el 1% del PBI en los tres años. Si sumamos a esto la producción que no se logra y en eso hay un comentario que es relevante: el agua es un factor de desarrollo.

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En la Argentina una de las principales palancas de crecimiento que tiene esperadas para este año es una extraordinaria cosecha, una extraordinaria producción del sector agro que va a sumar según algunas estimaciones el orden de 10 mil millones de dólares de ingresos a la economía argentina. Por lo tanto el agua que estamos teniendo es un agua que impacta de manera positiva en términos globales; si a eso le sumáramos planificación en inversión en infraestructura, podemos estimar que ese 1% del PBI que perdemos, no lo perderíamos. Por lo tanto podríamos decir que ése impacto positivo de los 10 mil millones de dólares que tanto valor va a tener este año podría ser más significativo, podría ser un 50% más tal vez si lográsemos generar estrategias que evitaran los impactos negativos.

¿Hay tiempo para eso?

No, no hay tiempo, aunque hay que rescatar lo siguiente: hoy la Argentina está haciendo aproximadamente 600 kilómetros de canalización, que es cifra récord. Lo podemos ver en los mapas. En el Salado se habían hecho 200 kilómetros en 11 años y en los últimos tres están contratados y en ejecución unos 220. Estos son 1200 millones de dólares comprometidos de inversión. Hay otra obra emblemática que es el canal San Antonio, son casi 200 kilómetros de canalización en el límite entre Santa Fe y Córdoba -se había hecho en la década del 30 del siglo pasado. El Vila Cululú empezó hace 60 días. De manera que las obras se están haciendo, se siguen licitando obras dentro de este plan y son obras importantes que no se han hecho en décadas. Estas obras a medida que se hagan y se terminen van a impactar muy positivamente. San Antonio en 500 mil hectáreas; el Vila Cululú, depende cómo se lo mida, en aproximadamente 80 o 100 mil hectáreas. Es decir, son cuencas muy importantes que hoy tienen una inversión del estado nacional, también hay inversiones provinciales que compensan éstas, o sea que se están haciendo más puntos.

Es importante porque son obras que llevan 2 ó 3 años de plazo, así que estamos en un proceso distinto al histórico. Hay más inversión y también hemos creado varios instrumentos para hacer de esto una política pública. Uno muy importante en la conformación de comités interjurisdiccionales. Hoy los comités que creamos superan los 30 millones de hectáreas, son un territorio muy grande comparable a la suma de algunos países europeos. Los más importantes son el del centro de la llanura pampeana, que es el río Quinto -que es el más grande aparte-; el de La Picasa; el del Carcarañá, que es donde está la obra del San Antonio; el del Vila Culuú y el de los bajos submeridionales, que son 10 millones de hectáreas. Ese es el último que creamos, en febrero del año pasado. Todos los comités los creamos en la Casa Rosada con la firma de los gobernadores de cada una de las provincias involucradas y en algunos casos (ya van dos) hemos enviado al Congreso leyes para que se transformen en comités reconocidos por ley nacional.

Eso implica que eso ha sucedido ya para el del río Quinto y el de La Picasa. Una vez que se aprueben el Congreso, que creemos que será ahora cuando arranquen las sesiones, esos comités van a pasar a tener personería jurídica y pueden empezar a administrar recursos. El otro componente grande de la política pública es que a estos comités nosotros les estamos dando una condición de pasa no pasa para aprobar las inversiones. Si acá hay firmados en acta por los ministros o gobernadores de las provincias la aprobación de las obras, la Nación no invierte. No hay ninguna ley que nos exija eso pero tenemos una larga historia en la Argentina de que estos conflictos terminan en la Corte Suprema. Yo mismo tuve que ir algunas veces durante estos 3 años, porque cuando se toman decisiones unilaterales sin planificación, lo que parece bien en un momento termina en conflicto más adelante.

¿Macri quiere expropiar esos millones de hectáreas de los bajos submeridionales?

Estos comités cuenca son fundamentales para definir inversiones y para bajar el impacto negativo, pero también lo son para desarrollar estas regiones. El comité de los bajos submeridionales lo hemos creado no porque hubiésemos pensado que tan rápidamente iban a haber fenómenos extremos como hay ahora, sino porque desde un inicio vemos que en esta zona que hoy está tan mal hay enorme potencial de generación de riqueza para la Argentina. De hecho ya hemos generado la primera propuesta estratégica para desarrollar los bajos submeridionales y la hemos compartido con los tres gobernadores, Peppo, Lifschitz y Zamora.

Esa propuesta hace foco en 2,5 millones de hectáreas, una gran extensión, y que tiene el problema que estamos viendo ahora: cómo no se regula el agua, naturalmente tiene tendencia a inundarse como ahora o a estar en seca. Entonces esta propuesta lo que implica es que se podría crear en toda esta zona una corporación de desarrollo y esa corporación de desarrollo podría ser un esquema de participación público privada, no necesariamente con la ley de PPP sino en general. Nosotros ya hemos hecho varios esquemas exitosos de participación privada en la inversión pública, como por ejemplo Salado tramo 4, que es ley de obra pública pago diferido o salir con Aysa en Europa donde nos ofrecieron 2100 millones de dólares en enero de 2018 (tomamos 500) y además le sacamos la garantía al Estado nacional, o sea que esa no es deuda pública desde el punto de vista contable de la Argentina; no está dentro de las conversaciones con el Fondo.

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Esos son éxitos ya hechos en términos de atraer financiamiento privado para generar infraestructura, en el caso agua y cloacas, infraestructura de máximo interés en términos de desarrollo social. En el área metropolitana que es Aysa, es otro caso de infraestructura productiva en el corazón de la pampa húmeda que es el Salado. Esas son innovaciones que durante muchos años, décadas, no se habían probado en la Argentina y ya tuvieron éxito. En los dos casos fijamos la tasa nosotros, fue uno de los factores que nos garantizó y nos dio certeza a nosotros y también a los oferentes de cuál era el riesgo real que se enfrentaba.

¿En concreto qué obra haría esa corporación de desarrollo?

En este caso lo que se puede hacer es un conjunto grande de reservorios de llanura. Trescientos reservorios. Es una extensión muy grande de 2,5 millones de hectáreas. Esos reservorios son obras simples, como si fuesen herraduras de poca altura, porque es un territorio muy plano, con vertederos que son la obra por la cual pasa el agua cuando supera un nivel fijo y esos 300 reservorios de llanura hoy podrían estar reteniendo una buena parte del agua que está afectando, pero en los lugares que nosotros definimos. Y dando certeza a dos cosas: a que hoy no se inunde el área productiva y también a que el agua se guarda para cuando sea necesario. Cuando en los próximos meses, en la primavera hace falta agua, tenés el agua guardada. No son obras muy complejas, por supuesto que es un gran desafío para un país como el nuestro, que viene de una larguísima trayectoria de falta de planificación, de falta de inversión y en los últimos años de populismo directamente.

Con esa obra se hubiera evitado gran parte de este desastre.

Se hubiera evitado y además lo que esto generaría es un cambio muy importante en el valor de la tierra. Porque hoy la productividad es muy baja por el riesgo climático. En una parte grande de esa zona se hace ganadería pero se hace a razón de una vaca cada 15 hectáreas, cada 20 hectáreas. Este esquema que estamos proponiendo podría multiplicar esta productividad por 5 ó 6 y podría también dar la certeza de que en muchas de estas regiones se puede hacer agricultura porque se controla. La verdad es que hay pocos países en el mundo que tienen la posibilidad de plantear proyectos de esta escala, entre otras cosas porque tenemos el agua. Lo que pasa es que al agua hay que sumarle la política y eso es lo que va a generar desarrollo. El mensaje en ese caso es que en realidad es un factor positivo que tengamos agua, lo que tenemos que hacer es administrarla.

Una de las quejas de los gobernadores y los productores era que las nuevas vías del tren Belgrano Cargas no dejaban pasar el agua de un lado a otro y eso agudizó el problema.

Eso es verdad. La información que tenemos es que la obra del tren Belgrano Cargas en una zona uno los contratistas hizo la obra respetando las alcantarillas y otro contratista no. Y eso ha funcionado como endicamiento. Entiendo que la Adif se ha abocado a solucionar eso lo más rápido posible. Una de las consecuencias de la falta de planificación y del desgobierno de la falta de inversión son los canales ilegales y clandestinos. Es clave que los productores y las organizaciones del campo tomen protagonismo también para ordenar ese tema.

¿Macri le hizo algún pedido especial a partir de esta emergencia?

Sí, el tema principal que hemos hablado con él es que las obras continúen. En esa zona hay varias obras que estamos haciendo y van a continuar. Algunas están en ciudades, otras están en las zonas rurales. De hecho en la ciudad de Resistencia que se vio tan afectada estamos haciendo la obra principal de control de inundaciones que es el canal 16. También me pidió que esté en contacto como lo estoy haciendo con los gobernadores. Estuvo esta semana acá Peppo, y por teléfono he estado con el resto de los gobernadores en comunicación y también me invitó a que lo acompañe en la gira. Por un tema de logística no pude puede llegar sino hubiera estado allí con él. Y acordamos una visita a las zonas afectadas con Peppo y con Valdés en Corrientes. Corrientes es un caso emblemático de la política argentina porque durante varios años no recibió ninguna inversión del Gobierno nacional. Al inicio cuando era gobernador Colombi definimos una inversión muy importante en el plan del agua: seis obras emblemáticas. Varias de ellas ya se terminaron, como el arroyo Barranca; la protección de Paso de los Libres una buena parte de Bella Vista. Son obrad donde hoy podemos ver que se disminuye notablemente el impacto de estos fenómenos. Los temas tienen solución.

¿Qué pasará con la planta de tratamientos cloacales que prometieron en Corrientes?

Ahí lo que sucedió es que la planta está prevista, está presupuestada y es necesaria. Hay un tema de coordinación con el área de Transporte y el nuevo puente Chaco Corrientes donde hay un conflicto con los predios que se habían fijado para la planta.

¿La provincia de Buenos Aires tiene que lanzar una nueva licitación en el Salado?

Hasta donde yo sé, pero es un tema que en ese nivel lo maneja la provincia, la provincia ha adjudicado la obra y lo ha hecho al inicio de este año 2019. En el tramo que licitó la provincia, que es el tramo financiado con fondos del Banco Mundial está adjudicada. Creo que ahí dependemos mucho de la situación que finalmente suceda en términos legales con la empresa. La empresa cumplió con todo y eso le permitió a la provincia, en el marco de una obra de máxima prioridad y necesidad, avanzar hasta la adjudicación.

¿En qué situación está el “sistema Riachuelo”?

El sistema Riachuelo, que es el colector margen izquierda, es una de las obras más importantes que se están llevando adelante en la Argentina. Es una obra realmente histórica. Hemos empezado esa obra en junio de 2016, muy rápido puede haber comenzado el gobierno y contra las dificultades que heredamos en el inicio. Ya podemos decir que hemos construido el 50%, respetando el plazo que tiene una obra muy compleja. Para darnos una idea es una obra que tiene varios equipos grandes de tunelería y tres de ellos son de los más grandes que están trabajando en el país. Ya hemos hecho más de la mitad del emisario subfluvial. Hoy tenemos más de 6 kilómetros de este gran conducto que tiene casi 5 metros de diámetro y va 30 metros abajo del fondo del Río de la Plata; sale desde Dock Sud, sobre la orilla la provincia de Buenos Aires, donde está la refinería. Ahí hicimos un relleno primero y sobre ese relleno sucede la obra. Las bocas de acceso al emisario son el punto más profundo que hasta ahora se haya llegado en el área metropolitana. Es el equivalente a cuatro edificios de 10 pisos hacia abajo. Tiene más de 50 metros de profundidad y 14 metros de diámetro. Por esas cuatro bocas además se ha bajado la tunelera, que tiene 230 metros de largo y como digo ya están terminados más de 6 kilómetros de un total de 12 kilómetros y medio. En total son del orden de 44 kilómetros de túneles.

Y la obra esta tiene dos funciones que son funciones que son claves. Una es empezar a limpiar el agua del Riachuelo, básicamente porque la contaminación principal del suelo son los líquidos cloacales más los pluviales que se juntan y desbordan. Y como realmente donde hay redes de saneamiento importante es en la Capital Federal en la zona norte y parte de la oeste -en el resto hay pero muchas menos- el equivalente a 4,3 millones de habitantes son los que hoy vuelcan de margen izquierda en el Riachuelo entre la General Paz y el río de La Plata y esta obra los colecta a todos. O sea que no va a haber más una vez que se termine la obra vuelco del equivalente hoy a 4,3 millones de habitantes. Eso va a significar que se empieza a ver y se va a poder comprobar una mejora notable en la calidad de agua del Riachuelo. El otro impacto fundamental es que todo ese vuelco que iba a la planta de tratamiento que está en Berazategui va a ir a Dock Sud y luego al emisario-

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Y por lo tanto se libera la capacidad de la planta de Berazategui para poder dar servicio a los otros 6 millones de habitantes del área metropolitana que hoy no tienen cloacas. Esos dos factores son realmente fundamentales en términos del impacto que tienen en la calidad de vida de una parte grande de la Argentina. En la cuenca del Riachuelo viven 5 millones de personas. La obra se está haciendo en plazo y si se sigue de ese modo se va a terminar en el segundo semestre del año 2022. Es una obra bastante emblemática porque es la más grande que financia el Banco Mundial en América y también la obra más grande de saneamiento de la Argentina de los últimos 70 años. También desde el punto de vista político, porque hemos invertido la mitad, aproximadamente 600 millones de dólares, en una obra que no se ve, que se termina en otro gobierno y cuando se termine va a evitar un problema, no va a ser una obra en que uno valore una vez que dé por sentado que está cumpliendo su función. Como dicen algunos los aviones que aterrizan no son noticia y este es un portaaviones que aterrizó aún y cuando aterrice tal vez deje de ser noticia.

En el medio del ajuste pedido por el FMI y la crisis económica, ¿Macri tiene intenciones de avanzar con el proyecto de la hidrovíab continental?

Los proyectos esos son fundamentales. El presidente considera que este es un gobierno que ha hecho una cantidad de inversiones históricas en infraestructura pero aún la Argentina lo que necesita son planes de crecimiento, planes de desarrollo. La hidrovía continental es una de las ideas que hemos desarrollado no con la visión de hacer un proyecto sino con la visión de ofrecer una estrategia de desarrollo del país. La hidrovía es un nuevo eje de desarrollo que impacta en la zona más productiva del país. Y que podría tener dos impactos fundamentales: uno es una gran adaptación de varios millones de hectáreas al clima, que es lo que hoy se ha manifestado tan fuertemente y que tiene tanto económico; pero la otra también es generar una fuente de riqueza clave porque podría también ordenar la actividad económica en esa gran parte del territorio argentino. De manera que el presidente está totalmente comprometido con ese diagnóstico que es entender que este gobierno está llevando adelante proyectos muy importantes y también al mismo tiempo que Argentina necesita pasar de la escala de hacer proyectos a la escala de tener estrategias de desarrollo.

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