El veto europeo al aceite de palma como biocumbustible molesta en Malasia

Los países de la Unión Europea vienen dando una fuerte batalla contra el consumo de aceite de palma en el viejo continente, lo que derivó a que los stocks lleguen a niveles récord en el cierre del año 2018 impactando directamente en los precios.

Los vasos comunicantes que existen entre los mercados de aceite afecta directamente a la soja, ya que ambos compiten por mercados similares. Se utilizan en un amplio rango de productos, ya sea como insumos en industrias alimenticias para la elaboración de harinas industriales, snacks, margarinas, o en la industria de cosmética y oleoquímica en partircular.

Pero fundamentalmente, donde han ganado mayor terreno en los últimos 10 años, ha sido en la elaboración de biodiesel. El menor precio de los aceites de palma y de soja frente al de colza se trasladan a los precios del biodiesel. El derivado de palma suele ser el más barato de todos, pero su elevado punto de solidificación hace que solo pueda utilizarse en verano, mientras que el obtenido a partir de soja tiene mayor tolerancia a climas fríos, y en condiciones extremas suele mezclarse con el derivado de colza, mucho más caro.

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La Unión Europea fijo hace varios años directivas con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el transporte. Entre ellas se establecieron mandatos de biocombustibles que deben cumplir las petroleras. Pero el menor costo del biodiesel de soja y de palma llevó a que éstas opten por importar desde Argentina el derivado de la oleaginosa y desde Indonesia y Malasia el obtenido a partir del fruto, dejando de comprar el derivado de colza, producido fundamentalmente en Alemania y Francia. La situación generó bastante malestar tanto en la industria de biocombustibles europea, como en el gobierno del bloque.

La Comisión Europea ha probado de todo para frenar las importaciones de biodiesel. Primero a través de denuncias de dumping contra el biodiesel de soja argentino. Allí Argentina ganó la batalla en la OMC y tuvieron que reabrir el mercado. Paralelamente, los biocombustibles debían reducir su huella de carbono respecto los combustibles fósiles en cantidades que iban siendo más exigente con el tiempo. En 2017 la reducción debía ser como mínimo, del 50% respecto al fósil. Al biodiesel de soja le dieron un valor por defecto del 35%, hecho que lo dejaba fuera del mercado. Gracias a un trabajo conjunto entre la industria y el INTA se pudo demostrar que la reducción de las emisiones en del 70%, un valor inalcanzable por los biocombustibles europeos. Acto seguido, se modificaron las directivas para limitar el uso de biocombustibles derivado de productos o subproductos alimenticios. Un hecho destacable es que el biodiesel que llega al mercado europeo debe contar con certificado de sustentabilidad, es decir que la soja que da origen al aceite con el que se elabora el biodiesel no debe provenir de campos desmontados. La paradoja es que la harina que salió del mismo poroto no requiere del certificado.

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Y con la palma fueron más allá. Algunos productores, fundamentalmente en la isla de Borneo, que han violado las leyes forestales y de explotación infantil generó la excusa para prohibir su uso como biocombustible a partir de 2021.

Pero no conforme con ello, el Reino Unido, y luego Noruega -principal exportador de petróleo del continente europeo- y recientemente Francia, han declarado que el biodiesel de palma no será considerado un biocombustible. Una medida insólita que afecta directamente a Colombia, cuarto productor mundial de este aceite, y que nada tiene que ver con lo que pasa en el sudeste asiático.

A la medida del gobierno francés, le salió al cruce nada menos que la mayor compañía petrolera del país y una de las más grande del mundo, Total. Dicen que la exclusión del aceite de palma como materia prima para elaborar biocombustibles pone en riesgo la refinería de La Mede, una vieja planta petrolera convertida en una biorrefinería, donde el grupo francés invirtió más de 300 millones de dólares.

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La situación en el sudeste asiático se ha vuelto complicada. El cultivo de palma es una de las mayores actividades y tanto el gobierno malasio como el indonesio están buscando alternativas para paliar la crisis. El viceministro de Industrias Primarias de Malasia, Shamsul Iskandar Mohd Akin salió a pedir a los ciudadanos y a las industrias que consuman toda la palma que puedan. Por su lado Indonesia, que ya tiene un mandato de B20 en todos los motores Diesel del país está estudiando llevarlo al 30%. La importancia que tiene el sector en esta país es tal que el gobierno aseguró que Lyon Air, principal cliente de Boeing a nivel mundial, solo comprá aviones nuevos si les dejan construir plantas de biocombustibles en Estados Unidos. Lo propio anunciaron con Airbus, para poder construir las refienrías en Francia.

Planters United, una ONG compuesta por pequeños productores pidió a la Comisión Europea que se revean las prohibiciones, ya que afecta directamente la economía del sector más vulnerable. Su presidente asegura que han implementados todos los controles necesarios que aseguran que el balance de la biodiversidad se mantenga estable.

En 2017, Unilever fue acusada, junto con Pepsico y Nestlé, de ser cómplice de la destrucción de las últimas selvas tropicales de Sumatra. Luego de una investigación, la empresa británico-holandesa, retiró a Sawit Sumbermas Sarana (SWS), un productor indonesio de aceite de palma, de su lista de proveedores luego que se descubriera que SWS había infringido leyes que restringían la deforestación y la remoción de turberas. Pocos meses más tarde, la compañía implementó sistemas de certificaciones y trazabilidad en toda la cadena de suministro.

No tiene sentido negar que hay prácticas no sustentables en la producción de palma, como en muchas otras actividades. No por eso se debe castigar a quienes trabajan a conciencia, que por suerte, son cada vez son más.

En el mundo y en Europa están resueltos los sistemas de trazabilidad, de hecho se aplica para el biodiesel argentino. ¿Será acaso que el problema que tiene Europa con la palma no es la sustentabilidad?