Un gran avance en la genética del sorgo dulce logrado por el Centro Africano para el Mejoramiento de Cultivos (ACCI), podría tener implicaciones de gran alcance para las industrias de biocombustibles y bioplásticos en Sudáfrica.

Durante la última década, el profesor Mark Laing, director de ACCI, ha estado trabajando en el desarrollo de variedades de sorgo y remolacha azucarera, como parte de un paquete integrado para proporcionar material de cultivo (materia prima) para estas dos industrias. Su interés en el proyecto comenzó hace unos 15 años cuando comenzó la escalada en los precios del petróleo que llegó hasta valer unos 150 dólares por barril.

“Una gran empresa de plásticos no pudo obtener suficiente etileno para producir el volumen que tenían comprometido de polietileno, así que quisieron comenzar su propia unidad de producción de “azúcar a polietileno” y me hablaron sobre cultivos azucarados adecuados para el interior de Sudáfrica”, cuenta.

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Con fondos de la Agencia de Innovación Tecnológica (TIA) , que tiene su sede en el Departamento de Ciencia y Tecnología (DST) de Sudáfrica, Laing ha estado trabajando en la rotación de cultivos de sorgo y remolacha azucarera para encontrar la forma de producir un volumen de materia prima que pueda abastecer la industria durante todo el año.

Los tres cultivos de azúcar más utilizados en la producción de biocombustibles son: caña de azúcar, sorgo y remolacha azucarera. Laing dice que el sorgo dulce, que es naturalmente rico en azúcar, es tolerante a la sequía y produce 100 toneladas de materia verde por hectárea, con un contenido del 13% a 18% de azúcar, en tan solo seis meses. En comparación con la caña de azúcar, que solo se puede cultivar en áreas sin heladas, toma uno o dos años para alcanzar la madurez y produce aproximadamente 75 toneladas por hectárea con un 9-14% de azúcar en Sudáfrica.

La remolacha azucarera es difícil desde una perspectiva agronómica porque es un cultivo del hemisferio norte, pero la ACCI está desarrollando variedades que pueden cultivarse en Sudáfrica en invierno. Tiene un contenido de azúcar de hasta el 24% y rinde de 50 a 75 toneladas por hectárea en seis meses.

Es importante destacar que es un cultivo de invierno y se puede rotar con sorgo, que crece en verano, proporcionando así materia prima durante todo el año.

Escasez de materia prima

“El mundo de los bioplásticos y los biocombustibles va a suceder, pero en África no puede despegar porque no tiene cultivos para alimentarlo”, dice Laing, explicando su motivación para continuar con este proyecto.

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“Una vez que tengamos disponibles los híbridos y la agronomía, significa que las personas podrán instalar fábricas que producen bioplásticos y biocombustibles. Esa ha sido mi visión y el sorgo y la remolacha azucarera son los mejores cultivos para hacerlo. Podemos obtener 31 toneladas de azúcar por hectárea por año si sembramos estos dos cultivos durante seis meses cada uno”.

El proyecto ha tardado diez años en llegar a este punto porque hacer crecer el sorgo es un todo un desafío. “Es difícil de polinizar porque se autopoliniza, pero lo hemos resuelto”, dice, explicando que la Dra. Precious Mangena, graduada de doctorado de ACCI, ha desarrollado exitosamente híbridos de sorgo dulce con un químico llamado E4FO, un gametocidio masculino que asegura la polinización cruzada .

“Esteriliza el polen pero no afecta los ovarios. Las plantas que pulverizas se convierten en hembras y las vecinas las polinizan. Así que obligas a la planta a convertirse en un cultivo de cruzamiento”, dice Laing. “Esto acelera nuestro programa de reproducción y nos permite producir híbridos”.

Laing dijo que este gran avance de la ACCI podría ser pionero a nivel mundial. “Otros científicos lo han hecho con fines de reproducción y experimentales, pero quizás somos los primeros en utilizarlo como base para la producción de semillas híbridas de sorgo.

Fondos

Laing sostiene que DST está entusiasmada con el proyecto porque está buscando formas de impulsar la economía verde. “Si esta cadena de valor funciona, se trata literalmente de una producción con base biológica y está creando empleos. Esto es exactamente lo que DST quiere decir con una economía verde “.

La Dra. Xolisa Melamane, gerente de la cartera de Agricultura de TIA, dice que el proyecto es atractivo porque implica el uso de tecnologías novedosas como la rotación del sorgo dulce con la remolacha azucarera, y los cultivos en desarrollo tendrán ventajas como la adaptación a la sequía, las plagas y las enfermedades.

“El proyecto es dueño de la propiedad intelectual, que es uno de los factores fundamentales que TIA considera cuando financia proyectos”, dice Melamane, y agrega que el proyecto también contempla otros aspectos sociales, como corregir la desigualdad, crear empleos y abordar la contaminación ambiental.

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“Otro aspecto examinado es el potencial de comercialización de la tecnología luego de su desarrollo. En este proyecto, las semillas híbridas de los dos cultivos se otorgarán a las compañías de semillas, y ya SeedCo ha expresado su interés en colaborar en el desarrollo y la comercialización de semillas híbridas de estos cultivos ”, afirma.

Socio de la industria

Para hacer que el plan cobrara vida, ACCI ha estado trabajando con eThala Biofuels , una compañía que está tratando de obtener fondos para instalar una usina para producir biocombustibles.

“Tienen acuerdos de disponibilidad de tierras y productivos con agricultores grandes y de pequeña escala, y tienen planes para construir una usina de biocombustibles, pero no tienen los cultivos adecuados para crecer y procesar”, dice Laing. “Para empezar, quieren producir etanol y los he convencido de que también piensen en producir bioplásticos como el polietileno a partir de azúcar.

Laing dice que aunque este plástico no sería biodegradable, pero sería neutral en carbono. “La ventaja de este plástico sería que es sostenible y no está sujeto al precio del petróleo. Además, no estaría aportando carbono a la atmósfera. El cultivo retira el carbono del aire y, si entra en un relleno sanitario, el carbono es secuestrado”.

“Irónicamente, una bolsa de plástico a veces puede ser amigable con el medio ambiente, incluso cuando está en un relleno sanitario porque es más carbono que se extrae de la atmósfera”.