Esta semana el Senado convirtió en Ley la prohibición de la importación y comercialización de lámparas halógenas a partir del año 2020. De esta manera quedarán solo en el mercado las tecnologías led y fluorescentes compactas, productos cuyo mercado es dominado casi en su totalidad por importaciones desde el sudeste asiático.

La ley -sancionada en forma simultánea con decenas de otras leyes- es una modificación a la ley 26.473 que prohibió en 2010 las lámparas incandescentes. Su texto es muy liviano y apenas consta de tres artículos. El primero que prohíbe taxativamente la importación de lámparas halógenas en todos sus tipos y el segundo que habilita al Poder Ejecutivo a dictar medidas para facilitar la importación de tecnologías LED a través de la reducción de aranceles. El tercero: «Comuníquese al Poder Ejecutivo Nacional».

Nadie pone en duda la maravillosa tecnología led. De hecho, está causando una revolución en el mercado de la iluminación. A pesar de que todavía es bastante más cara que la halógena, la capacidad que tiene de trasmitir luz a baja temperatura hace que los focos sean extremadamente eficientes. El ahorro en el consumo energético puede ir desde un 50% al 70% respecto a una lámpara halógena, y su vida útil puede llegar a ser hasta ocho veces mayor. Demasiados argumentos para que cualquier ciudadano bien informado, no dude un instante en elegir esta . De hecho, su mercado crece día a día a muy buen ritmo.

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La energía más ecológica y más barata es la que no se consume. En tiempos donde el cambio climático está el centro de debate en el mundo y dentro mismo de la cúpula del G20 (aunque semejante despliegue energético durante la cumbre pasada en CABA no haya sido un buen ejemplo de eso), la eficiencia energética en las viviendas y la construcción sostenible han tomado mucha relevancia. Los medios, todos los días muestran ejemplos de arquitectura bioclimática, es decir viviendas sustentables, construidas con materiales de bajo impacto ambiental y una gran capacidad de mantener, con aportes muy bajos de energía, la temperatura y la humedad de su interior en la “zona de confort”.

En muchas ciudades del mundo, el estado emite un certificado de eficiencia energética donde se determina cuanta energía es necesaria para mantener la vivienda dentro de esta zona. Ese valor incide a la hora de pagar impuestos, y hasta en el valor de la propiedad para su alquiler o venta. En una muy buena iniciativa, en la Ciudad de Rosario se está implementando una prueba piloto coordinada por la Secretaría de Estado de la Energía de la Provincia de Santa Fe.

La construcción sostenible alcanza a topo tipo de edificios. Esta semana llegó la noticia que el nuevo estadio que Estudiantes de la Plata está construyendo en 57 y 1, ha superado la calificación preliminar y ha sido inscripto para ser certificado con el sello EDGE de Sustentabilidad Ambiental emitido por el Banco Mundial. Será nada menos que el primer estadio del mundo en contar dicho certificado.

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Retomando el tema de las lamparitas, la modificación de la ley 26.473 profundizó el debate si el estado debe prohibir o dejar elegir. Algunos funcionarios respaldaron la iniciativa comparándola cuando se prohibió la venta de nafta con plomo. Este caso es totalmente distinto, en aquel momento se había demostrado que el plomo era causante de cáncer.

Por lo pronto, a partir de 2020 quedará prohibido el uso de lámparas halógenas. ¿Y luego qué? ¿Obligaremos a todos a poner doble vidrio? ¿Se va a prohibir el hormigón porque hay materiales más aislantes?

Nos estamos olvidando que por más eficiencia energética que tenga un edificio, el consumo de energía seguirá estando íntimamente ligado a los hábitos de los ocupantes. Aquellos ciudadanos más informados ya han adoptado la tecnología led libremente, así como otras conductas para el ahorro energético.

Con una buena educación en el uso racional y responsable de la energía, la elección de los consumidores estará impulsada por su propia convicción. Ya no habrá que obligarlos. De esta forma, el logro de los objetivos será mucho más efectivo.