El tour lechero de BioEconomia por Nueva Zalanda continúa. En esta oportunidad, bien al sur. Casi sobre el paralelo 45, la misma latitud de Comodoro Rivadavia. Allí trabaja Florencia Paqualino, una veterinaria argentina de 33 años y Manuel, de 25 años, nacido en Mar del Plata.

Para llegar hasta el campo hubo que atravesar en Ferry el Estrecho de Cook que separa ambas islas. Luego de atravesar varios kilómetros de costa marítima, se vuelve a la zona mediterránea, dominada por pasturas y praderas habitadas por ovejas, tambos, y varios campos de trigo con espigas que aseguran superar los 100 quintales. De repente se ingresa en una zona montañosa y luego de varios kilómetros de paisajes impactantes de montañas nevadas y lagos, se divisa una planicie verde en medio de ese entorno. Más de cerca se distingan los enormes pivots y cientos de vacas pastoreando. ¡Habíamos llegado!

Vista de uno de los tres tambos

Robert McIntyre, un joven de unos 40 años es el dueño del establecimiento. Allí se ordeña unas 1300 vacas con una producción diaria de 28.000 litros. El campo cuenta con 1.200 hectáreas de las cuales 500 están bajo riego. Junto a un amigo, poseen otro campo similar lindante con este y junto a su padre, otras 2000 hectáreas, también pegadas al mismo. Robert está al frente de los tres establecimientos, que funcionan como uno solo. En total producen 120 mil litros por día con 5.000 vacas y disponen de 1.500 hectáreas bajo riego. La fuente de agua es irrestricta y proviene de una represa que está al lado del campo de Robert.

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“Robert es una persona muy sencilla y muy comprometida con el trabajo”, cuenta Florencia. “Siempre está al frente de todas las tareas. Se ocupa de que esté todo en orden y que nosotros estemos bien”. Vive dentro del campo en una modesta, pero bonita casa sobre una de las colinas junto su esposa y sus tres hijos.

Robert McIntyre

Las instalaciones de ordeñe son modernas y todo se ve muy prolijo. La sala es grande, muy luminoso y cuenta con oficina, sala de reuniones, sala de máquinas, sala de tanques, vestuarios, etc. Todo con materiales lisos para mantener la higiene. Las vacas están identificadas con caravanas electrónicas que registran su producción y la suplementación que se le da durante el ordeñe. El alimentador es automático y reparte el alimento a base de melazas que contiene los minerales esenciales.

Los efluentes son esparcidos por el campo, diluidos en agua en una proporción de 1 en 10, a través de los pivots. Cuenta con un caudalímetro y un gps donde queda todo registrado. Periódicamente, el gobierno y Fonterra -a quien vende la totalidad de la producción- inspeccionan la correcta disposición de los mismos. El biogás no está muy difundido en Nueva Zelanda. Para Robert sería una muy buena alternativa, pero hace falta una decisión de fomento del estado. Las inversiones son muy caras. Exportamos al mundo leche a pasto y convertir efluentes en energía es un mensaje positivo para nuestros clientes”, destaca.

La leche es comercializada a Fonterra, una cooperativa gigante a nivel mundial

Las vacas están divididas en dos rodeos en los dos tambos más chicos (1300 vacas de ordeñe cada uno) y tres el mayor. Todos se ordeñan dos veces por día. Las pasturas son a base de trébol blanco y demoran en promedio 20 días en volver a crecer luego de ser comidas. Luego de cada ordeñe, cada rodeo va una nueva parcela.

A mediados de octubre comienza la inseminación, que dura por 6 semanas. Luego, se dejan otras 6 semanas con los toros en los rodeos. De esta forma queda sincronizada la parición entre los meses de agosto y septiembre.

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El 30 de junio, las vacas que no se han secado aún, se secan mediante tratamiento y se envían a uno de los campos a descansar. El tambo cierra hasta agosto, cuando comienza la nueva temporada. “Fonterra paga una prima importante por la leche de invierno, pero aquí las condiciones se ponen muy duras. El frío y las lluvias complican mucho las tareas, por eso considero mejor licenciar el personal, que se tomen vacaciones y volvemos a comenzar en agosto.”

Manuel es otro de los argentinos que trabaja en el tambo

Las terneras están divididas en tres rodeos y el manejo es colectivo. “La semana pasada dejamos de darle leche a las más grandes”, cuenta Florencia. Su tarea es ocuparse de alimentar a las terneras de los tres tambos.  Para ello, utiliza un camión decorado pintorescamente con los colores argentinos. “Hasta ayer estaba Nani, otra chica argentina. Juntas hacíamos todo el trabajo, pero las terneras van creciendo y las tareas se van simplificando”.

El camión cuenta con un dispositivo que analiza la proteína, la grasa y las células somáticas en forma instantáneo.

Florencia carga en el camión un pallet con 40 bolsas de 25 kilogramos de alimento cada una y llena los dos tanques de 1.000 litros con leche fría. Se dirige al campo donde en grandes corrales con pastura están los tres rodeos. Reparte la leche en tambores de 150 litros con 30 tetillas, de donde maman las terneras. El alimento se reparte en comederos, los cuales se ocupa de moverlos a una superficie sin barro. Dentro del camión, lleva una caja con medicamentos, lista para tratar cualquier ternera que lo necesite. “Desde la semana pasada les damos una vez por día. Ya están grandes mis bebes”, cuenta.

Florencia posando junto al camión decorado por las chicas argentinas

Florencia tiene trabajo hasta fin de año. Luego las terneras se van a otro campo a hacer la recría y no habrá guachera hasta el segundo semestre del próximo año. Si es por ella, se quedaría trabajando allí. “No sabés lo que es despertarse y ver este paisaje. Además, la gente es acá es muy agradable. Ojalá el año que viene pueda volver”.

El siloline es un muy común en todo Nueva Zelanda

Cuenta que antes de llegar a Nueva Zelanda, trabajaba en el Mercado de Liniers. “Quería trabajar en el campo y hacer una experiencia nueva”, responde al preguntarle porque eligió irse al país kiwi. “Acá hay muchas oportunidades.

Robert  sostiene que es dificil encontrar personas que quieran trabajar en el campo. Sobre todo, neozelandeses. Tiene un muy buen concepto de los trabajadores argentinos. “Han venido varios y muy buenos. Incluso uno estuvo un tiempo trabajando muy duro y hoy tiene su propio tambo acá, en Nueva Zelanda”, destacó.