El tradicional sistema de producción de leche de Nueva Zelanda viene se caracteriza por tener los menores costos de producción entre todos los países que cuentan con una producción láctea consolidada.

Su competitividad se basa en las ventajas comparativas que le otorga la región. Lluvias concentradas en invierno y suelos con una abundante capa de materia orgánica aseguran una oferta de forraje (pastos naturales y pasturas implantadas) suficiente durante la primavera y el verano.

Sobre esta base se desarrolló un modelo de producción estacional, en el cual se planifican todas las pariciones, es decir el comienzo de lactancia, para la segunda mitad del invierno. El pastoreo durante todo el año y un mínimo grado de suplementación en otoño, logran niveles de producción de leche altos al promediar la primavera (30% de la producción anual se produce en octubre y noviembre), llegando a su pico a mediados de octubre. A partir de aquí comienza a decrecer hasta llegar a los meses de abril y mayo en niveles relativamente bajos. Entrado el invierno, la mayoría de los establecimientos deja de ordeñar hasta que se inicien nuevamente las pariciones.

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El modelo basado en el pastoreo con bajo uso de grano tiene costos operativos relativamente bajos, pero influye en los rendimientos productivos de leche. El promedio de leche que entrega una vaca neozelandesa es apenas la mitad que el de una de Estados Unidos o de Canadá, países que han adoptado el sistema estabulado. Por eso no es casual que el 90% de la producción de leche del mundo se produzca en sistemas intensivos o mixtos.

Sin embargo, con este esquema y con apenas el 5% de la población global de vacas en ordeñe, Nueva Zelanda logró posicionarse como el segundo exportador de lácteos, detrás de la Unión Europea.

Pero algunos analistas están poniendo en duda el futuro de este modelo.

Fonterra, la gigante cooperativa que procesa el 95% de la leche neozelandesa, este año ha ofrecido una prima de 50% para el valor de la leche de invierno. Una cifra muy alta en comparación con años anteriores. Esto tiene una explicación. Se necesita una gran infraestructura logística para recoger la producción de primavera y que luego permanecerá con una gran capacidad ociosa durante el resto de los meses en el año. Además, la estacionalidad no le permite elaborar productos de alto valor agregado. Algo fundamental para mantenerse competitivos en un mercado global muy estrecho.

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Algunos establecimientos han comenzado con sistemas mixtos. Pastoreo en primavera y verano y encierre a partir del otoño. Han desdoblado las pariciones en los meses de mayo y de agosto. De esta manera, las vacas que inician su lactancia en otoño logran buenas producciones en los meses de invierno, cuando la leche tiene mayor valor y luego salen al campo a producir con bajos costos de alimentación en primavera. Este es el caso de Schnell & Gemmell Farm, al Sur de la Isla Norte. Un tambo de unas 200 vacas que además ha instalado tres robots de ordeñe.

Las críticas al sistema pastoril han llegado también por el lado ambiental. Aún con bajas producciones de leche, la bosta y la orina de las vacas contienen grandes concentraciones de nitrógeno. Los efluentes recogidos en la sala de ordeñe se disponen en los lotes de pasturas. Este método, mediante dosis controladas con bastante precisión cumple la doble función de fertilizar con materia orgánica y nitrógeno las pasturas y disponer de los efluentes de forma segura. Sin embargo, las heces de los animales en pastoreo son imposibles de medir. En primavera y verano esto no representa un problema. Pero algunos especialistas aseguran que en otoño la pastura no es capaz de absorber este nitrógeno lixiviándose a las napas. Con fuerte presencia en los medios, han iniciado una campaña para que las vacas queden encerradas durante estos meses.

DairyNz, una organización que nuclea a los productores más conservadores, sostiene que la competitividad de la lechería neozelandesa radica en sus bajos costos. Aseguran que ellos no disponen de la producción de granos como los países que han adoptado el sistema estabulado. Argumentan que cambiar el sistema les haría perder el estatus que ha hecho famosa a la leche kiwi. De ser producida solo con pasto.