Popularmente se dice que el vino mejora con la edad. Y, aunque esta afirmación suele ser cierta en algunos casos, en la actualidad quizás sería más correcto decir que el vino mejora con la tecnología. Y es que la industria vinícola es otro de los campos conquistados por las nuevas tecnologías. Tanto es así que hay quienes consideran que el vino y la tecnología representan el maridaje perfecto porque, bien utilizados, los avances tecnológicos ayudan, y con creces, a los viticultores a la hora de producir, almacenar y promocionar sus vinos.

Las nuevas tecnologías, por ejemplo, están cambiando el diseño de las bodegas. Si antes se construían siempre en terrenos en pendiente para facilitar el movimiento de los líquidos, ahora esta premisa ya no es necesaria porque se pueden utilizar bombas y tener bodegas a cota cero.

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La tecnología también está presente a la hora de vendimiar y de seleccionar qué uva es apta almacenarse. De hecho, ya existen sistemas automáticos basados en cámaras de alta resolución que analizan el tamaño, la forma y el color de la uva. Y, una vez pasadas estas fases, la tecnología se ha convertido en una pieza clave para almacenan los mostos y empezar a elaborar el vino, ya que se utiliza también para controlar la temperatura, tanto de la uva, como de la fermentación y de la conservación de cada vino.

Pero aún hay más, porque la llegada de Internet, de las redes sociales y, por supuesto de las apps también ha provocado una revolución en cuanto a la promoción y ventas.  No en vano, se estima que más del 35% del sector ya vende online y que más del 75% de las empresas y bodegas tienen página web propia.

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La industria del entretenimiento fue quizás la primera en subirse al tren de las nuevas tecnologías para llegar a más gente. De hecho, hay ejemplos de tecnología todavía más portátil, como la conocida “ponible”; prendas de ropa mejoradas gracias a la tecnología que se convierten en nuestra segunda piel.

¿Dónde están los límites de la tecnología? De momento, sabemos que ya ha llegado al mercado vitícola. El cliente ahora puede acceder al mundo del vino a través de una pantalla de móvil, sin necesidad de visitar de forma presencial una bodega y sin ser un experto catador. Puede saber cómo se elaboran los vinos y, por supuesto, puede comprarlos. Para saborearlos, eso sí, sigue siendo mejor recurrir al paladar que a las apps.