El biogás obtenido a través de digestión anaerobia no debería ser identificado tan solo como una fuente de energía renovable. Sería un error equipararlo con la energía eólica o la fotovoltaica.  Cuando las plantas de biogás se configuran bajo criterios de sostenibilidad aportan no solo energía limpia y renovable sino mucho más. Invertir en plantas de biogás o biometano, es invertir en economía circular por muchos motivos.  

El biogás producido constituye un vector energético muy versátil con el que producir electricidad, calor, frío o un biocarburante para vehículos. Aunque las producciones quizá no sean tan elevadas como otras fuentes, contribuyen notablemente a la auto-suficiencia energética y a la garantía de suministro energética en zonas rurales con difícil acceso a redes. El reto de futuro es diversificar los usos del biogás, muy centrado en el uso eléctrico en el pasado. El biometano para inyección a red de gas está siendo considerado seriamente por el sector gasista en España como complemento sostenible a su portfolio. Pero no solo eso, el CO2 y el metano, principales gases presentes en el biogás, también pueden ser materias primas o sustratos de bajo coste para obtener nuevas biomasas como las microalgas, materiales como los bioplásticos, productos químicos, o incluso proteína bacteriana.  Innovación tecnológica al servicio de una mayor diversidad de productos finales a partir del biogás.  

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Además, el papel que las plantas de biogás juegan en la reducción de gases de efecto invernadero o GEI es decisivo para la sostenibilidad y competitividad de muchos sectores agroalimentarios pero especialmente del ganadero y cárnico. Producir carne de manera sostenible ya no es una opción sino una inversión imprescindible para mantenerse en el mercado.  

Por otro lado, el digerido generado en las plantas de biogás constituye una alternativa sostenible de gestión de los residuos orgánicos muy adecuada para su posterior aplicación agrícola y facilitar, al mineralizarlos, el reciclaje de nutrientes de origen orgánico como el nitrógeno o el fósforo presentes en los residuos. No olvidemos que los nutrientes, especialmente el fósforo y el potasio, son recursos finitos en clara regresión, siendo cada vez más necesario buscar su recuperación a partir de fuentes alternativas. El reto es conseguir digeridos que puedan ser transformados en biofertilizantes de alto valor añadido, aprovechándolos como base de bioproductos y mejorando los sistemas de recuperación de nutrientes a partir del mismo.  

Una forma innovadora de hacerlo es acoplando cultivos como la lemna con gran capacidad de absorción de nutrientes y con una composición muy atractiva para producir una gran variedad de nuevos productos biobasados, cada vez más valorados en el mercado emergente de la bioeconomía. Materiales y químicos renovables cuyo origen es biológico cuentan con un enorme potencial de desarrollo en los próximos años. De hecho, existe mucha investigación en curso para sacarle partido a la digestión anaerobia como proceso clave en la producción de intermedios químicos o building blocks para la obtención de bioproductos. Un ejemplo son los conocidos ácidos grasos volátiles que pueden obtenerse vía digestión anaerobia hidrolítica para a continuación ser empleados como fuente de carbono en la obtención de bioplásticos, lípidos o bioalcoholes. Avances en biotecnología y catálisis química están permitiendo abordar estas alternativas y desarrollar modelos basados en el concepto de biorrefinería.  

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Las plantas de biogás que quieren adoptar el concepto de biorrefinería pueden ser configuradas ya a día de hoy de manera mucho más flexible que en el pasado, con un diseño multi-feedstock y sobre todo diversificando sus productos finales adecuándolos al mercado específico de su entorno. Hablamos por tanto de la digestión anaerobia como instrumento facilitador de una amplia gama de productos sustitutivos no solo de productos energéticos de origen fósil, sino también de productos químicos, plásticos y materiales derivados del petróleo.  

Si la digestión anaerobia y el biogás siempre han sido aliados de la mejora medioambiental y la sostenibilidad, en el futuro lo serán y de manera muy relevante de la economía circular y la bioeconomía, o abarcando ambos conceptos, de la bioeconomía circular. Usar recursos biológicos de manera más eficiente y circular es el objetivo. Nuevas oportunidades de negocio y empleo a la vista, y en ámbitos rurales, si somos capaces de aprovechar la innovación tecnológica disponible, idear nuevas cadenas de valor multi-sectoriales, y desarrollar proyectos que sean no clones sino auténticos trajes a medida para cada biomasa y entorno específico. La administración puede y debe ayudar facilitando la entrada en mercado de los nuevos energéticos y bioproductos, y potenciar la proliferación de biorrefinerías de digestión anaerobia con instrumentos como la compra pública innovadora. Entre todos será posible situar la digestión anaerobia en España en el lugar que ya se encuentra en países de nuestro entorno contribuyendo de manera significativa a la sostenibilidad y competitividad de las actividades económicas. 

Escrito por Andrés Pascual, responsable del Departamento de Medio ambiente, bioenergía e higiene Industrial de AINIA