Durante la cosecha, el cabezal corta mucho más abajo de lo normal, de manera de poder llevarse también las semillas de malezas.

Dam Oempster es un típico farmer australiano. Trabaja unas 4.000 hectáreas propias junto a su padre y su hermano al este de Northam, una pequeña localidad ubicada 100 kilómetros al este de la ciudad de Perth -capital del estado de Western Australia. Viniendo desde el oeste, Northam marca el ingreso al “Wheat Belt”, la zona núcleo australiana. Allí la isoyeta indica 400 milímetros. Más al este, a medida que nos alejamos del Océano Índico, el clima es aún más seco. Sin embargo, esta región es responsable de la exportación de casi 7 millones de toneladas de trigo.

Dam cuenta que los 3 viven con sus familias en el campo. Prácticamente se ocupan de todas las labores que la actividad demanda. En Australia, la mano de obra para trabajar en el campo es muy escasa. En época de cosecha, quizás algún familiar pueda acercarse para dar una mano, pero lo habitual es que los propietarios deban rebuscárselas por ellos mismos. Las localidades son muy pequeñas y muy distantes unas de otras, y la poca gente que vive en ella trabaja en acopios, oficinas gubernamentales o en pequeños comercios.

El plan de siembra que Dam utiliza es el típico de la zona. 70% de la superficie destinada a trigo y el resto a repartir entre colza, cebada y avena. Todos cultivos de invierno. Las escasas lluvias se concentran entre mayo y noviembre y el verano es muy seco y caluroso y cualquier semilla que se plante es muy probable que ni siquiera sobreviva.

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Las parvas de granza y paja contienen también las semillas de malezas que diferirán las ovejas cuando entren a pastorear el lote.
Dam cuenta que para alcanzar el éxito debe lograr el mayor aprovechamiento posible del agua. Agrega que la siembra debe realizarse antes que lleguen las lluvias de otoño, y ni bien caen las primeras gotas debe aplicarse urgente el pre-emergente. El combate de las malezas no tiene descanso. Durante la cosecha, el cabezal corta mucho más abajo de lo normal, de manera de poder llevarse también las semillas de malezas. Un equipo anexado a la cosechadora recoge lo que sale por su cola y luego es descargado en un sector del lote. Allí queda apilada la granza, los restos de paja y supuestamente las semillas de los yuyos. Luego las ovejas son enviadas a pastorear los rastrojos, donde están también las parvas. Según el farmer, las ovejas asimilan estas semillas evitando que vuelvan a germinar dentro del lote. El suelo, libre de rastrojos, disminuye el riesgo de incendios, asegura Dam.
Fardo de avena semillada que será exportado a Japón

Los granos se almacenan en pequeños silos portátiles, y al final del día son enviados en camión al acopio. Los lotes de avena son destinados a la confección de fardos para su exportación a Japón. El complemento con la ganadería resulta un buen negocio. Cada cordero se vende a U$S 100, obteniéndose U$S 22 por el valor de la lana y U$S 78 por la carne -unos U$S 5 por kilo En Australia la genética de la semilla se paga en forma obligatoria. El productor debe declarar la variedad utilizada cuando entrega el cereal. Le retienen 3 dólares australianos (US$ 2,1) por tonelada, que irán directamente a pagar las regalías. Del monto total a percibir, otro 1% le es retenido, en este caso destinado a la investigación. Si bien los fondos son administrados por el gobierno, es el sector privado, agrupados en una junta, los que deciden hacia dónde van los dólares destinados a la investigación. El gobierno Estatal provee laboratorios y profesionales al servicio de estas investigaciones. Este concepto no solo es aplicable al agro, si no muchas otras áreas de interés del gobierno, como la minería y la energía.

Por falta de mano de obra, las cosechadoras descargan directamente el cereal en un silo portatil ubicado en la cabecera del lote.
Los gigantes camiones australianos pueden cargar hasta 60 toneladas en el campo. Por ruta circulan hasta con 4 acoplados.
Por Emiliano Huergo especial para Clarín Rural.