El nuevo paradigma productivo de la bioeconomía -asociado a la producción sustentable de biomasa como base para la producción de alimentos, energía y materiales- requiere menores huellas ambientales en todos los eslabones que componen las diferentes cadenas productivas, incluyendo los servicios. Es que la demanda de productos con menor huella de carbono viene creciendo a ritmo acelerado en las economías de nuestros principales clientes. Por eso a día vemos acciones públicas y privadas que tienen que ver con estas cuestiones. Y esta semana, llegaron por aire, agua y tierra. Empecemos por arriba.

Por aire

Profertil, la principal productora de fertilizantes argentina firmó un convenio con YPF Luz para abastecer su planta de urea en Ingeniero White con energía eólica. La urea es un insumo clave en la producción de trigo y maíz, dos pilares fundamentales en la bioeconomía argentina. El trigo por su gran aporte en la cadena alimenticia de las harinas y el maíz más asociado a la actividad pecuaria y bioenergética. Justamente el fertilizante nitrogenado es uno de los insumos que más contribuye en la huella de carbono de estos productos. La compañía energética proveerá el 60% de la electricidad que necesita la planta con energía verde que permitirá ahorrar unas 100.000 toneladas de emisiones de carbono.

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Por agua

La “Hidrovía Continental” presentada por el gobierno que consiste en canalizar el centro de Argentina, desde Arroyito -Córdoba hasta Catriló – La Pampa, una extensión de 650 kilómetros permitirá no solo reducir los costos logísticos y potenciaría la producción, tal como destacó a Clarín Pablo Bereciartúa, secretario de Infraestructura y Política Hídrica de la Nación durante la Conferencia Binacional “Gestión del Agua: Argentina-Holanda”, sino el transporte más eficiente de millones de toneladas que impacta directamente en menores emisiones de CO2.

Por tierra

El proyecto permitirá gestionar el agua de manera que pueda evacuarse los excesos hídricos y disponer de agua para riego cuando hay sequía. Una cuestión de vital relevancia teniendo en cuenta los acontecimientos de las últimas campañas donde las sequías y las inundaciones impactaron de forma muy significativa en la pampa húmeda y es esperable que se profundicen de cara al futuro por los efectos del cambio climático.

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Pero también hubo hecho trascendente en EEUU que tendrá gran relevancia en la gran cuenca fotosintética sudamericana. Se cosecharon las primeras hectáreas de soja editadas genómicamente.

Con la alteración de una célula del ADN de la soja lograron que la oleaginosa dé un aceite con 80% de ácido oleico, 20% menos ácidos grasos saturados y cero grasas trans. A diferencia de lo que sucede con la producción de organismos modificados genéticamente (OGM) o transgénicos, en la edición de genes no se inserta un ADN de otra especia. En su lugar, actúan enzimas como tijeras moleculares que retocan el sistema operativo genético de las plantas, de forma que eviten producir cosas malas -grasas poliinsaturadas en este caso- o potenciar las cosas buenas que ya tiene.

La edición genética está recién dando sus primeros pasos y los alcances que puede tener son difíciles de imaginar. Desde lograr aceites comestibles de alta calidad como en este caso hasta, por ejemplo, lograr aceites que mejoren las propiedades para su uso como combustible al ser convertido en biodiesel. Enorme importancia para un país como Argentina, que es responsable de la mitad del comercio mundial de aceite de soja.