La moda sostenible está en auge. Marcas de lujo como Gucci, Yves Saint Laurent o Stella McCartney han apostado por nuevos materiales que se aplican a esta filosofía del diseño: amables con el medio ambiente y sin explotación laboral.

Es decir que la moda de lujo, o el high couture, no necesariamente debe estar exento de la sostenibilidad o el cuidado del medio ambiente. Alrededor del mundo hay varias iniciativas que se enmarcan en esa línea que le hace contrapeso al fast-fashion:fibra textil de marihuana o cáñamo para hacer zapatos, fibra de piña para reemplazar el cuero animal. ¿La más reciente innovación del biocouture? Popó de vaca.

Jalila Essaidi, una artista holandesa, creó una colección de prendas hechas con fibra de estiércol. “Como el estiércol es un producto de desecho que los granjeros holandeses deben pagar para deshacerse de él, esto le permite a la compañía crear potencialmente un tejido sostenible a un costo menor que la mayoría de los tejidos no sostenibles. Con la industria de la moda identificada como una de las industrias más perjudiciales para nuestro medio ambiente, esta solución podría tener un potencial increíble” se lee en el acta de premiación de Chivas Ventures, un premio de sostenibilidad que le otorgó a la diseñadora 20.000 euros para desarrollar su idea.

Leer también

El escondido negocio del estiercol argentino

“Vemos el estiércol como un material de desecho, algo repugnante y maloliente. Pero el aceite [usado para hacer fibra] no es limpio y hermoso al principio. Realmente tienes que mostrarle a la gente la belleza oculta si transformas esta celulosa”, dijo Essaidi a The Guardian.

Su compañía, llamada Mestic, trabaja con 15 granjeros de Eindhoven (Países Bajos) para crear una refinería industrial de estiércol desde 2016. El proceso consiste en recolectar estiércol seco, que es una combinación de orina y popó de vaca, que es 80% agua. Se separa la fracción seca de la húmeda y mientras esta se fermenta, se extrae y se transforma la celulosa, que es la hierba y el maíz que comen las vacas.

“La ventaja es que no se necesita un proceso industrial químico porque el estómago de la vaca es el primer paso para hacer que la fibra sea más suave. Es más eficiente energéticamente también”, explica la diseñadora al diario británico.

Leer también

El estiércol de cerdo pavimenta el camino hacia el asfalto sostenible

Este proceso de fermentación ​​le permite al ganado obtener nutrientes del pastoreo en campos y pastos. Sin embargo, el pasto es más difícil de digerir que el grano, por lo que el pastoreo tiende a producir más metano (el notorio problema de «eructos y pedos»), un gas de efecto invernadero con aproximadamente 28 veces el potencial de calentamiento del CO2 durante un período de 100 años.

El estiércol contiene carbono y nitrógeno, y cuando grandes cantidades de estiércol se almacenan en estanques grandes, se descomponen sin oxígeno y producen metano. La cantidad de metano depende de la cantidad de estiércol que se produce y de cuánto se descompone anaeróbicamente; ambos tienden a ser más altos en los comederos donde el ganado vive y se alimenta en lugares cerrados y el estiércol se almacena como líquido en los estanques.

Ese es el proceso que se “salta” la empresa Mestic, contribuyendo aunque sea poco, a la lucha contra el cambio climático. Las vacas colectan la biomasa, la procesan, la regurgitan y luego el ácido de sus cuatro estómagos y las enziman atacan la celulosa que sale en fibras más finas. Según la página web de Mestic, ni las fibras ni las prendas tienen olor.

Leer también

Christophersen, el pueblo que quiere estar a la vanguardia en energías renovables

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que el sector pecuario en su conjunto contribuye con el 14,5% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero, la producción de carne y leche constituye la mayor parte de esto. La mayoría de esas emisiones (42%) provienen de la fermentación del estiércol.

«El mundo ya está consumiendo el equivalente a aproximadamente 1,6 millones de recursos del planeta cada año, y hay una oportunidad urgente de cambiar a un modelo donde se recuperan materiales valiosos», dijo la artista. «Fashionista o no, todos vamos a tener que acostumbrarnos a materiales no convencionales ya que no podemos confiar en el algodón, por ejemplo».

Artículo publicado en El Espectador.